Todos los seres humanos vivimos emociones como el miedo, la alegría, el enojo y muchas otras. Cuando estas no se manejan adecuadamente, pueden llevarnos a actuar de manera impulsiva, abriendo la posibilidad de traernos consecuencias negativas a futuro.
Por este motivo, es importante regular nuestras emociones. Pero no te preocupes, ¡nadie nace sabiendo cómo hacerlo! Para aprender, la terapia es una gran herramienta de autodescubrimiento.
¿Cuál es la diferencia entre la terapia humanista y otras corrientes de la psicología?
Existen múltiples diferencias, pero considero que la más importante es la manera en la que el terapeuta es formado. Un terapeuta humanista debe tener congruencia, empatía y aceptación positiva incondicional, es decir, observar y escuchar al otro, y entender que está haciendo lo mejor que puede con lo que tiene.
Los terapeutas humanistas son especialmente buenos para acompañar a personas que no han tenido un fundamento sólido para confiar en sí mismos.
¿Cuál es el objetivo de la terapia humanista?
El objetivo de la terapia humanista es que el paciente gane confianza para tomar sus propias decisiones y encuentre mejores herramientas para enfrentarse a los retos inesperados de la vida.
No obstante, la terapia humanista no es magia; los problemas emocionales duelen, y mucho. Cuando nos enfrentamos a un problema que nos lastima o que daña a algún ser querido, deseamos salir de ahí lo más pronto posible, a veces a cualquier costo. Sin embargo, la mayoría de los problemas que se fueron gestando a través de los años no tendrán una solución inmediata, o al menos no una solución factible. Por ejemplo, buscar una respuesta rápida es común, pero no es realista. Los problemas deben tratarse poco a poco para que la solución sea duradera. En este sentido, la terapia humanista ofrece un camino seguro, mas no uno rápido.
Terapeuta: pieza clave para el crecimiento
En mi experiencia y en la de muchas personas que han llevado un proceso terapéutico de crecimiento personal, los cambios se reflejan con el paso del tiempo, pero solo si la persona se compromete a ir más allá de sus limitaciones y sus miedos, siempre en compañía y apoyo de su terapeuta.
Para saber si estás con el terapeuta adecuado, este debe hacerte sentir en confianza. NO te conformes; el manejo de tus emociones es muy importante. Busca a alguien que ofrezca un trabajo de terapia serio y comprometido, amable y respetuoso.
* Sonia Heras Gastélum es analista especializada en psicología clínica, feminista y a favor de los derechos humanos.
La depresión, también llamada “depresión clínica” o “trastorno depresivo”, es un trastorno del estado de ánimo que causa síntomas de angustia que afectan la manera en que sentimos, pensamos y coordinamos nuestras actividades diarias. También puede alterar nuestro ciclo de sueño y apetito.
A raíz de la estigmatización de los trastornos mentales, la depresión frecuentemente termina siendo “el secreto familiar” que todos conocemos de cerca pero que casi nadie se atreve a hablar de él. Este silencio provoca tal grado de desinformación que actualmente existe la falsa creencia de que la depresión es estar triste, cuando en realidad es mucho más que eso; hay personas que se encuentran deprimidas y ni siquiera sienten tristeza. Pero lo opuesto a la depresión no es la felicidad sino la vitalidad, y las personas que padecen este trastorno parecen carecer energía.
La depresión no es igual para todas las personas. Por ejemplo, las mujeres la padecen en mayor medida que los hombres, debido a factores biológicos, hormonales y de ciclo de vida que las hacen tener síntomas de tristeza, baja autoestima y sentimientos de culpabilidad.
Por otra parte, los hombres con depresión son más propensos a sentirse muy cansados, irritables y, en ocasiones, agresivos. Suelen perder el interés en actividades que antes disfrutaban y presentan dificultad para dormir. Lamentablemente, muchos hombres no buscan ayuda porque no reconocen que están deprimidos.
En personas mayores, la depresión los vuelve más propensos a padecer trastornos médicos, como problemas cardiacos, que pueden incluso contribuir a la aparición de más síntomas del trastorno.
Los niños pequeños también sufren depresión. Algunas señales de alerta son fingir estar enfermos o negarse a ir a la escuela, mientras que sus principales preocupaciones son el abandono o perdida de sus padres.
Finalmente, los adolescentes con depresión pueden tener problemas de rendimiento académico, mal humor, son propensos a aislarse, caer en trastornos alimenticios, abusar del alcohol y otras drogas.
¿Cómo se siente estar deprimido?
A continuación, comparto algunos testimonios de cómo es realmente vivir con depresión, relatados por quienes la padecen. Agradezco a las personas que me brindaron la oportunidad de entrevistarlos. Por respeto a su confidencialidad, no compartiré sus nombres.
– “Es una manera más lenta de estar muerto, pero esto es muy importante porque me recuerda que la depresión puede conducir a la muerte real”.
– “Hay días en los que me siento tan triste que ya no logro recordar cómo se siente no estar triste”.
– “Puedes pedir incapacidad en el trabajo si estás enfermo, incluso muestran simpatía y te desean que te mejores. Pero no pasa lo mismo si estás deprimido”.
– “Estar vivo es demasiado doloroso, y lo peor es que yo sé que es ridículo no poder bañarme o hacerme desayuno, pero simplemente no puedo. Mi cuerpo no responde”.
– “Yo no tengo miedo a morir; yo tengo miedo a vivir”
– “Comprender y aceptar tu depresión no previene que puedas tener una recaída emocional, pero hacer la recaída más fácil de soportar”.
¿Qué pasa con los medicamentos?
Ilustración por: Manolo Barrios.
Una vez diagnosticada por un profesional de la salud -como psiquiatras o psicólogos clínicos –es posible tratarla con psicoterapia o medicamentos, preferiblemente ambos.
Los medicamentos llamados antidepresivos suelen demorar de 2 a 4 semanas en surtir efecto. Aunque los antidepresivos pueden tener efectos secundarios, estos suelen disminuir con el tiempo.
Al respecto, Andrew Solomon, escritor estadounidense especializado en temas políticos, culturales y de psicología, y maestro de psicología clínica en la Universidad de Columbia, en Nueva York, impartió una TED Talk donde habla sobre la depresión (si te interesa verla, te comparto el enlace al final de este artículo). Solomon fue diagnosticado con depresión y compartió lo siguiente:
“Los tratamientos con los que contamos hoy en día son lamentables. Los antidepresivos no son muy eficaces, son sumamente caros y tienen una infinidad de efectos secundarios. A veces me pregunto si los medicamentos me hacen sentirme más como yo mismo, o si me hacen ser otra persona. La verdad es que agradezco padecer depresión hoy en día, y no hace 50 años cuando la depresión se trataba con un internamiento en un hospital psiquiátrico, con técnicas inhumanas o, en el “mejor” de los casos, una lobotomía. Solo espero que en 50 años la gente vea mi tratamiento y se sienta horrorizada de que alguien haya soportado una ciencia tan primitiva”.
* Nota:Ten en cuenta que los antidepresivos pueden ser muy eficaces para muchas personas, pero pueden ser nocivos particularmente en niños. Los antidepresivos pueden hacer que algunas personas tengan pensamientos suicidas, principalmente en la primera etapa del tratamiento cuando empiezan a tomarlos. No obstante, los riesgos de no tratar la depresión supera con creces los riesgos de tomar el medicamento.
La magnitud de la depresión
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS):
• Se calcula que la depresión afecta a más de 300 millones de personas en el mundo.
• Es la principal causa de discapacidad a nivel global.
• Contribuye en gran parte a la carga mundial de morbilidad.
• En el peor de los casos, la depresión lleva a la muerte por suicidio. Se estima que anualmente, cerca de 800,000 personas deciden acabar con su propia vida.
• El suicidio es la segunda causa de muerte en jóvenes de 15 a 29 años.
¿Qué hacer ante la depresión?
La depresión no es un juego ni mucho menos una forma de “holgazanería” o de querer “llamar la atención”. Es una enfermedad que provoca un desbalance químico en nuestro cerebro, quien nos envía una señal de que algo no está bien, aunque pensemos que “todo está bien”.
Me gustaría terminar este articulo con un testimonio que logró cambiar mi percepción sobre la depresión.
“Agradezco a mi depresión porque me ha obligado a valorar mi felicidad, y sobre todo me ha enseñado a agarrarme fuerte a los motivos por los cuales quiero vivir. Incluso en mis peores días la agradezco, porque sé que será pasajero”.
Si conoces a alguien que pueda padecer depresión, o si tú mismo te encuentras en esta posición, no dudes en buscar ayuda porque, como lo mencioné anteriormente, la depresión puede llevar a la muerte. NO ESTÁS SOLO.
Harley “El Tuerto”, un orgullo mexicano de apenas tres años y apodado así por una discapacidad visual, es parte del servicio de psiquiatría y neuropsicología del Centro Médico Nacional ISSSTE “20 de noviembre”, en la Ciudad de México.
La Dra. Lucia Ledesma, neuropsicóloga clínica dueña de Harley quien se refiere a él como su “coterapeuta”, dice que la presencia del can ha ayudado a amortiguar el estrés psicológico, afectivo y psíquico del personal sanitario que enfrenta la emergencia.
Harley es uno de los dos perros en el mundo que atiende a pacientes y personal médico durante esta pandemia; el otro está en Denver, Colorado.
En el ámbito de la salud mental, existen estudios que demuestran que los perros, como parte de la terapia asistida por animales, ayudan a disminuir estados de estrés, ansiedad y depresión, muy presentes en la población sobre todo en estos momentos de crisis a causa de la pandemia.
Por lo que, a raíz de esto, surge el proyecto de Harley “El Tuerto”, orientado a brindar apoyo emocional y ayuda humanitaria asistida con canino a personal sanitario laborando principalmente en áreas de COVID-19.
Al observar los buenos resultados que se tuvieron con dicho proyecto, la intervención de Harley fue muy solicitada y se amplió a más hospitales, como el Instituto Nacional de Perinatología “Isidro Espinosa de los Reyes”, también ubicado en la capital del país.
Su gran labor en la lucha contra el virus tuvo un gran impacto en los medios de comunicación nacionales e internacionales, logrando más de 30 entrevistas y 180 notas periodísticas hasta el día de hoy, e incluso se crearon comics e historietas relatando sus aventuras.
La violencia feminicida en México es una pandemia que no ha aplanado la curva, sino que sucede todo lo contrario. Las mujeres no están, ni se sienten seguras en sus propias casas.
Mientras que América Latina ha sido identificada como el nuevo epicentro de covid-19, la otra pandemia pasa desapercibida.
Muestra de ello son los recientes datos presentados por el secretario ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP), los cuales revelan que de enero a agosto del 2020 se registraron 626 víctimas de feminicidios en México. Sí, el confinamiento agravó los niveles de violencia doméstica, incrementando en un 90% las llamadas a las líneas de denuncia.
Sin embargo, aunque la denuncia es el primer paso en la búsqueda de justicia, la falta de empatía termina por empeorar la situación. Ante los casos de violencia contra la mujer en México, con frecuencia escuchamos preguntas como: ‘¿Por qué no lo denuncio?’ ‘¿Por qué no pido ayuda?’ Resulta muy fácil opinar, juzgar y hasta condenar a una mujer cuando tú no eres la víctima. Pero ¿qué pasa con una mujer maltratada, humillada, dominada, denigrada y sobre todo presa del miedo?
Lo primero que debemos entender es que una mujer que sufre maltratos, que es privada de sus derechos más elementales, con una salud mental que va poco a poco deteriorándose y perdiendo su sentido de autonomía y valía, difícilmente se atrevería a tomar una decisión como huir de casa, sumando a esto el bienestar de sus hijos, si llegara a tenerlos.
Según estudios realizados por la Red Nacional de Refugios (RNR), el primer motivo que impide a una mujer a denunciar es el miedo al maltratador. Miedo a ser hostigadas, acosadas, amenazadas e incluso asesinadas.
Otro de los miedos más recurrentes de las mujeres que sufren de violencia es que no les crean. Hasta cierto punto, cuando denuncias te ves obligada a explicar por qué toleraste determinados comportamientos y esto, de cierta forma, conduce a la culpabilización de la víctima.
Por otra parte, el informe del programa “Ciudades y espacios públicos seguros para mujeres y niñas”, reveló que los principales motivos que impiden denunciar en México son:
49.5% consideró que se trató de algo ‘sin importancia’.
15.2% no sabía cómo o dónde denunciar.
8.9% sentía vergüenza.
7.3% tenía miedo a las consecuencias.
4.7% tenía miedo de no ser creídas, o peor aún, que las culparan a ellas.
Mujeres en protesta el pasado 16 de septiembre en Monterrey, Nuevo León. Foto: Gabriela Pérez Montiel vía Cuartoscuro.
La infraestructura judicial, la denuncia y la protección de la mujer son elementos imprescindibles para eliminar este tipo de violencia. Las víctimas deben ser acompañadas por profesionales con la formación adecuada para ayudarlas en su situación de violencia y vulnerabilidad.
No obstante, cuando las mujeres se atreven a denunciar, lamentablemente en raras ocasiones la justicia llega para condenar a quien resulte culpable. Se estima que el 28.6% de las víctimas de violencia machista se atrevieron a dar el primer paso y denunciar. Pero de los casos denunciados, solo 13 de 76 han tenido una audiencia de imputación de cargos.
La violencia, una ‘enfermedad’ que afecta el bienestar de las familias
Una de las consecuencias más devastadoras del covid-19 ha sido el aumento de violencia física, psicológica y sexual contra las mujeres y niñas porque el estado no ha abordado la pandemia desde un enfoque de género y derechos humanos.
Durante el confinamiento, en México se registró un incremento del 117% en la actividad de pornografía infantil y también la comercialización o prostitución de niños y niñas.
Las cifras lo confirman: en 5 meses de contingencia, la RNR atendió a 23,303 mujeres. Pero esta tendencia se observa desde hace algún tiempo. De 2019 a la fecha, las solicitudes de apoyo incrementaron un 57% y las atenciones en refugios y centros de atención incrementaron 68%. Además, el 51% de los hijos o hijas de madres violentadas que han pedido ayuda han sufrido algún tipo de abuso.
Ante esto, es urgente que organizaciones políticas, gubernamentales, y civiles garanticen su compromiso de CERO tolerancia a la violencia contra la mujer. Sin embargo, el problema al que nos enfrentamos en México es la ausencia de datos desagregados por razones de género y, por supuesto, la falta de evaluación, seguimiento y monitoreo de las acciones implementados por el gobierno.
Izquierda: Protesta por violencia contra la mujer en México (Cuartoscuro). Derecha: Representación conceptual de un feminicidio. Por: Daniela Sdv.
El Estado mexicano sigue en deuda con las víctimas. Los derechos humanos no deben condicionarse ni consultarse, se ejercen libremente. El derecho de una vida libre de violencia debería ser una realidad para todas las mujeres y niñas.
Las actitudes machistas y sus prácticas patriarcales nos duelen, nos arrebatan vidas, nos llenan de indignación e impotencia.
Pero es importante recordar que nos tenemos las unas a las otras, aliadas por un mundo libre, democrático y sin violencia, con hechos y no palabras.
De los discursos a los hechos: “Violencias contra las mujeres y la ausencia de políticas gubernamentales para garantizar una vida libre de violencias antes y después del COVID-19”. Red Nacional de Refugios. Recuperado de: www.drive.google.com/file/d/1OdKgbLL4y335UFZdBxV5cVaXDcQ1K2I1/view