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Enfermedad mental perinatal, el trastorno que afecta a mujeres embarazadas y madres primerizas

Ilustración: Maria Fabrizio para Stat

Sonia Heras Gastélum

Por: Sonia Heras Gastélum*
@soniaherass

Para algunas mujeres, el embarazo puede representar una etapa de felicidad y estabilidad. Pero para otras puede significar un período de angustia y estrés, presentándose padecimientos como la enfermedad mental perinatal.

También conocida como “depresión perinatal”, esta enfermedad puede desencadenarse en cualquier momento durante el embarazo y hasta un año después del parto. Es una combinación de depresión y psicosis posparto.

¿En qué consiste?

En algunas mujeres es común que se manifieste con ganas de llorar o estar irritable tras dar a luz. A esto se le conoce como depresión posparto, pero esos sentimientos duran un par de semanas.

En cambio, la enfermedad mental perinatal dura mucho más. Se trata de una depresión entre moderada y severa que pueden experimentar las madres primerizas (y a veces también los padres), en cualquier momento durante el primer año de vida de su bebé.

¿Cuáles son los síntomas?

Algunos de los síntomas incluyen decaimiento o cambios de humor, falta de energía, problemas para establecer un vínculo con el bebé y miedo. La afectada puede llegar a llorar con facilidad, sentirse exhausta, pero al mismo tiempo tener problemas para conciliar el sueño. También tiene sentimientos de vergüenza y miedo a fracasar como madre. En casos agudos, pueden presentarse ataques de pánico, autolesiones o pensamientos suicidas.

La mayoría de las pacientes se recuperan del todo después de un tiempo. Pero si el problema no se trata, puede durar varios meses.

La enfermedad mental perinatal puede aparecer poco a poco. Los cambios hormonales, el cansancio y el nuevo estilo de vida son algunos de los factores que pueden causarla.

Aunque no está claro por qué es desarrollada por algunas personas y en otras no, algunas de las circunstancias que podrían influir son haber tenido una experiencia difícil durante la niñez, baja autoestima, falta de apoyo y una vida estresante.

¿Cómo se diagnostica?

Para diagnosticar a una persona con enfermedad mental perinatal, el médico valora los síntomas con un cuestionario eficaz y fiable, como la escala posnatal de Edimburgo. Esta mide los niveles de actividad y de ánimo durante los últimos siete días. También se usan otras escalas para valorar el funcionamiento y el bienestar mental. Para interpretar los resultados de estos cuestionarios se necesita de un profesional clínico, ya que es posible que los nuevos padres se muestren menos activos simplemente porque tienen más responsabilidades.

El 85% de las madres primerizas sufren de depresión posparto.

Tratamiento

  • Asistir a psicoterapia para poder hablar de lo que sucede y obtener herramientas para poder regular las emociones.
  • Mejorar el estilo de vida, descansando, haciendo ejercicio, yoga, meditación, comiendo saludable.
  • En algunos casos será necesario la ingesta de antidepresivos.

* Sonia Heras Gastélum es analista especializada en psicología clínica, feminista y a favor de los derechos humanos.


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¿Cómo explicarle a un infante sobre prevención de abuso sexual?

Sonia Heras Gastélum

Por: Sonia Heras Gastélum*
@soniaherass

Los padres enseñan a sus hijos pequeños todo tipo de acciones para mantenerse a salvo, como a no tocar superficies calientes pues podrían quemarse, a mirar a ambos lados de la calle antes de cruzar, entre otros.

Pero la mayoría de las veces, la seguridad del cuerpo no se enseña hasta edad muy avanzada.

Estudios realizados por el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos estima que aproximadamente 1 de cada 6 niños y 1 de cada 4 niñas son víctimas de abuso sexual antes de los 18 años.

Pero un dato aún más aterrador es que, según el Departamento de Justicia de los Estados Unidos, SOLO el 10% de los abusadores eran personas desconocidas por el menor.

Como estudiante de psicología, he trabajado con niñxs que provienen de hogares de niveles socioeconómicos altos y estudian en escuelas de prestigio, pero los abusos suceden en cualquier clase social. Nadie está exento. Si tu hijx se reúne con otros niñxs para jugar, va a la guardería o a preescolar, tiene amigos o familiares en casa, juegan con los vecinos, pasan la noche en casa de un amigo, en el salón de clases, en el parque… no se puede prevenir completamente el riesgo de que tu hijx sea abusadx sexualmente.

Ahora que probablemente estés aterrado o aterrada, permíteme tranquilizarte un poco. Tenemos que permitir que nuestros pequeños salgan al mundo. Pero antes podemos brindarles los conocimientos que podrían salvarlos de convertirse en víctimas.

El primer error que pueden cometer los padres es pensar que sus hijxs son demasiado pequeños como para hablar con ellos de este tipo de temas, pero nunca es demasiado pronto y no tiene por qué ser una plática atemorizante.

Es importante hablar con ellos a una edad temprana sobre las partes del cuerpo. Utiliza nombres propios para las partes del cuerpo, ya que el uso de sobrenombres puede confundirlos y provocar que no logren identificar bien cuál parte es cuál. Sentirse cómodo usando estas palabras y saber lo que significan puede ayudar a los niños a hablar claramente si algo inapropiado ha sucedido.

10 pasos para prevenir el abuso sexual en menores

  1. Dile a tu hijx que sus partes íntimas se llaman íntimas porque no son para que todo el mundo las vea. Explícale que mamá y papá pueden verle desnudo, pero fuera de casa nadie debe verle sin ropa puesta. Explícale también que el medico puede verlos desnudos siempre y cuando mama y papa este allí mientras el medico este revisando su cuerpo.
     
  2. Dile a tu hijx que nadie debe tocar sus partes íntimas, y si alguien pide tocarlas, debe decir que no y decirle inmediatamente a mamá o papá. Y por ninguna razón alguien más debe pedirle que toque sus partes íntimas. Los padres a menudo olvidan la segunda parte de esta frase: a menudo el abuso sexual comienza cuando el perpetrador le pide al niñx que lo toque o a alguien más.
     
  3. Explícale a tu hijx que no está bien guardar secretos de su cuerpo, aunque les hagan creer que están “jugando”. La mayoría de los perpetradores le dirán al niño que mantenga el abuso en secreto. Esto podría ocurrir como una especie de manipulación amistosa como: “Me gusta mucho jugar contigo, pero si le dices a alguien no me dejaran seguir jugando contigo”, o puede venir en forma de amenaza como: “Este es un secreto, si le dices a alguien les diré que fue tu idea y te meterás en muchos problemas”.
     
  4. Dile a tu hijx que no importa lo que les digan, los secretos de su cuerpo no están bien y siempre deben contarle a mamá o papá si alguien trata de obligarles a guardar un secreto de esta índole.
     
  5. También dile a tu hijx que nadie debe tomarle fotos a sus partes íntimas. Este punto suele ser omitido por los padres. Existe un universo entero lleno de pedófilos a los que les encanta tomar fotos de niñxs desnudos en línea. Nadie debe tomar fotos de sus partes íntimas, NADIE.
     
  6. Enseña a tus hijxs cómo salir de situaciones incomodas. A algunos niñxs les cuesta trabajo decir que no, especialmente a otros niñxs mayores o adultos. Dile a tu pequeño que está bien pedirle a un adulto que se vaya si algo que lo hace sentir incómodx está sucediendo, y ayúdale a encontrar las palabras necesarias para poder salir de esas situaciones, por ejemplo: “tengo que ir al baño urgentemente”.
     
  7. Designa palabras claves que tus hijxs puedan usar cuando se sientan inseguros o quieren que los recojan de algún lado.
     
  8. Explícale a tus hijxs que nunca estarán en problemas con mamá o papá si cuentan un secreto sobre su cuerpo. Las menores víctimas de abuso sexual a menudo comentan que no dijeron nada por temor de meterse en problemas con sus padres. Este temor suele ser usado por el perpetrador.
     
  9. También explícales que el contacto físico podría hacerles cosquillas o provocar una sensación agradable. Esto es de suma importancia, pues el cuerpo es el cuerpo, y ante un estímulo es lógico que el pequeño sienta placer. Si los padres utilizan el término “caricias buenas y malas” pueden confundir a los niñxs, pues a menudo las caricias no se sienten desagradables, Es mejor utilizar el término “caricias secretas” ya que es una descripción más precisa de lo que puede suceder.
     
  10. Dile a tu hijx que estas reglan también aplican con personas que conoce, e incluso con otros niñxs. Muchos abusos sexuales ocurren dentro de la familia. Puedes decirle algo como: “Mamá y papá pueden tocar tus partes íntimas cuando están limpiándote o poniéndote crema, pero nadie más debe tocarte allí, ni tíos, ni tías, ni primos, ni primas, ni profesores, ni entrenadores, aunque te caigan bien o pienses que te están cuidando, no deben tocar tus partes íntimas”.

Estas conversaciones no exentan a un niñx de sufrir un abuso, pero el conocimiento es un poderoso elemento, especialmente con niñxs pequeños que suelen ser el blanco de muchos abusos debido a su inocencia.

Sin embargo, una sola conversación no suele ser suficiente. Busca momentos para reiterar estos mensajes, como a la hora del baño o cuando tus hijos están desnudos.

Por favor, comparte este articulo con personas que amas y cuidas. Ayúdame a compartir el mensaje de la protección corporal. La seguridad de tus hijxs depende de ti.

Con información de Anxious Toddlers. Ilustración por Emma Darvick.

* Sonia Heras Gastélum es analista especializada en psicología clínica, feminista y a favor de los derechos humanos.


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Gordofobia, el odio que la sociedad normaliza

Ilustración: Manolo Barrios.

Sonia Heras Gastélum

Por: Sonia Heras Gastélum*
@soniaherass

La gordofobia es el miedo irracional, el rechazo y la discriminación que viven las personas con sobrepeso por el simple hecho de tenerlo. El sentimiento se caracteriza por la repulsión hacia personas cuyo físico difiere de los patrones estéticos establecidos.

Es un fenómeno sociocultural, económico y político que está cargado de prejuicios que incitan al odio contra los cuerpos que no entran dentro de los estándares de belleza con los que crecimos.

En este sentido, la gordofobia termina por convertirse en un sistema de creencias en el cual la información es sesgada a valores negativos o desagradables.

¿Cuáles son las consecuencias de la gordofobia?

Ser víctima de gordofobia provoca que las personas sufran:

  • Bajo autoestima
  • Ansiedad
  • Aislamiento
  • Inseguridades
  • Insatisfacción corporal
  • Odio y rechazo hacia su cuerpo

Como consecuencia, estas personas terminan sometiéndose a dietas restrictivas o tienen una mala relación con la comida, sufren depresión, y llegan a desarrollar un trastorno de la conducta alimentaria.

Trastornos alimentarios: peligro latente

La lucha contra los trastornos alimentarios es MUY difícil, te lo digo por experiencia propia. Esto se agrava aún más debido a la opinión generalizada de la sociedad, que elogia los cuerpos “perfectos”, a las dietas de riesgo para bajar de peso y las cirugías estéticas, pero rechaza los cuerpos naturales, pues los consideran poco saludables, antiestéticos e “incorrectos”.

Ante esto, es importante recordar que todas las personas tenemos una historia y sentimientos, no somos solo cuerpos. El estigma de la gordofobia no ayuda. Si realmente queremos cambiar algo, que sea el sistema peso centrista y la categorización moral a los alimentos, así como la divulgación de la inteligencia y gestión emocional.

Es increíble que en 2022 algunas empresas sigan publicitando y vendiendo métodos de tortura para bajar de peso. Pero NO CONFIES en “profesionales de la salud” que exponen de esta manera a sus pacientes.

La violencia gordofóbica existe. No obstante, recuerda que vales mucho más de lo que pesas.

Por ejemplo, es impresionante cómo a ciertas personas les incomoda ver a mujeres disfrutar de su cuerpo sin intentar reducirlo, pero aparentemente no les incomoda ver noticias sobre feminicidios y desapariciones TODOS los días.

El problema es que la sociedad ve a las mujeres como objetos que deben modificarse a conveniencia de los intereses de otros y que deben cumplir con los estándares impuestos por un sistema violento.

Muchos se escudan diciendo que ‘les preocupa la salud de las personas con sobrepeso’, pero realmente les importa tener el control para provocar miedo y sumisión.

Es triste, pero no sorprendente, cómo la atención de la salud para personas con sobrepeso se basa en que está bien sufrir, e incluso morir en el intento, solo para bajar de peso.

Pero déjame decirte que frases como “eres guapx de cara” o “estás bonitx para ser gordx” NO SON HALAGOS. De hecho, son considerados comentarios gordofóbicos

Decir “mijita, estás más gordita” NO es un saludo.

¿Te vas a comer todo eso?” NO es un tema de conversación.

Come todo lo que puedas ahora que en enero comenzamos la dieta” NO es un buen consejo.

Algunas palabras son demasiado pesadas para que se las lleve el viento, así que mejor GUARDA SILENCIO. No tienes idea el daño que puedes generarle a una persona por dar una opinión que nadie pidió.

En general cualquier opinión que tenga un trasfondo de juicio y no haya sido solicitada, suele estar de más. Sin embargo, hacer todo este tipo de comentarios sigue siendo algo habitual.

Es decir, ¿qué podría aportarle a una persona el hecho de señalarle que ha subido de peso? ¿Acaso creemos que esta persona no tiene espejos en casa? ¿Que quizás no se ha dado cuenta? ¿Cabe la posibilidad de que sea consciente y que no sea motivo de su preocupación? ¿Quién nos dijo que nuestro cometido es ser portavoces de los cánones de belleza?

Muchas veces desconocemos las causas que producen el aumento de peso en otros. ¿Qué tal si esta persona se está recuperando de un trastorno de conducta alimentaria? ¿Medimos el impacto que nuestras palabras pueden tener, exista problema psicológico previo o no?

Y tú, ¿eres gordofobicx?

Se considera que una persona es gordofobicx cuando:

  • Da por hecho que una persona tiene sobrepeso exclusivamente por no tener un estilo de vida saludable.
  • Ofrece consejos sobre adelgazamiento que nadie ha pedido, ya sea a personas conocidas o desconocidas.
  • Dice cosas como “qué valiente al ponerse esa ropa estando tan gordx” “Qué buen autoestima para ser unx gordx”.
  • Cree que las personas con sobrepeso son feas.
  • Piensa que las personas gordas no deberían usar cierto tipo de ropa.
  • “Diagnostica” enfermedades solo por ver una foto de un cuerpo no normativo.
  • Cree que una persona gorda debe estar agradecida por tener pareja.
  • Dice cosas como “eres muy guapx a pesar de estar gordx”.

No dejes que la gordofobia te frene. No dejes que nadie te silencie. Alcemos la vista y que nadie nos haga mirar hacia abajo. Nuestra vida y nuestro cuerpo nos pertenecen.

* Sonia Heras Gastélum es analista especializada en psicología clínica, feminista y a favor de los derechos humanos.


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¿Qué es el duelo y cuáles son sus etapas?

Ilustración: Manolo Barrios.

Sonia Heras Gastélum

Por: Sonia Heras Gastélum*
@soniaherass

El duelo es un proceso de adaptación emocional que se vive tras cualquier perdida. Es la reacción de la psique ante la perdida de una persona, animal u objeto significativo. Se trata de una reacción principalmente emocional y de conducta que se caracteriza principalmente por el sufrimiento.

El duelo también se puede exteriorizar con llanto, rabia, ataques violentos y muchas otras emociones que son consideradas “normales” en estos momentos, como:

  • Tristeza
  • Enfado
  • Culpa
  • Ansiedad
  • Fatiga
  • Shock
  • Soledad
  • Impotencia
  • Insensibilidad

Para poder vivir un buen proceso de duelo es necesario no tratar de huir de estas emociones, pues no se pueden enfrentar si no se aceptan y se sienten.

Al vivir un duelo es normal tener en una etapa inicial de incredulidad y entrar en un estado de shock, e incluso una negación que puede durar horas, semanas o meses. A esto se le suma un sentimiento arrollador de tristeza expresado con llanto frecuente. Pero, en muchas ocasiones, lo que oficializa la realidad de la muerte es el funeral. Este cumple con varias funciones, como la de separar al difunto de los vivos.

También es normal sufrir un dolor por la separación, desinterés por lo que sucede en el mundo; la rabia emerge y con ella también la angustia. En esta fase es común que las actividades del doliente pierdan significado y esto va disminuyendo con el tiempo, pero pueden repetirse en ocasiones, como en los aniversarios luctuosos.

En la fase final del duelo, la persona comienza a notar una reconexión con la rutina de la vida diaria y una estabilización de los altibajos sufridos en etapa anterior. Los recuerdos del ser querido traen consigo sentimientos de cariño, mezclado con tristeza o nostalgia en lugar de un dolor agudo.

Aunque la duración del duelo varía de persona en persona, este suele durar entre 6 meses y 1 año cuando se trata de la pérdida de un ser querido allegado. En caso de que los síntomas del duelo no cesen después de este tiempo y provoquen problemas en la rutina, es muy importante acudir a un profesional de la salud mental. ya sea un psiquiatra o un psicoterapeuta, ya que la persona afectada podría estar viviendo una depresión, lo que implicaría un duelo patológico.

Existen también terapeutas especializados en procesos de duelo. A estos se les conocen como tanatólogos.

Etapas del duelo

El duelo consta de 5 etapas, las cuales no siempre se cumplen todas ni tampoco se viven en orden pues, como se mencionó anteriormente, cada persona lo vive de manera diferente.

  1. Negación: La negación es una reacción que se produce de forma habitual después de una pérdida. Es normal cuando experimentamos la muerte súbita de una persona cercana. Tenemos una sensación de irrealidad o incredulidad que puede acompañarse de una “congelación” de las emociones, similar a cuando se tiene una pesadilla.
     
  2. Ira: Con frecuencia el primer contacto con las emociones tras la negación puede ser la ira. Se desatan sentimientos de frustración y de impotencia que pueden acabar en atribuir la responsabilidad de una perdida irremediable a un tercero.
     
  3. Negociación: En esta fase se comienzan a explorar o realizar cosas para intentar revertir la situación, como reflexiones sobre “¿qué habría pasado si hubiera dicho/hecho esto…?”.
     
  4. Depresión: A medida que avanza el proceso del duelo y se va asumiendo la realidad de la perdida, se comienza a experimentar emocionalmente la ausencia, pena, nostalgia, aislamiento social y perdida de interés en lo cotidiano. Aunque a esta fase se le denomina “depresión”, lo más correcto sería denominarla como “tristeza”, perdiendo así la connotación de algo patológico. De algún modo, solo doliéndonos de la perdida se puede comenzar a transitar el camino para seguir la vida a pesar de la tristeza.
     
  5. Aceptación: Esta fase se caracteriza por la llegada de un estado de calma asociado con la comprensión, no solamente racional sino también emocional, de que la muerte y otras perdidas son fenómenos inherentes a la vida humana.

El duelo no es una enfermedad, sin embargo, puede llegar a serlo si su elaboración no es la correcta.

Es parte de la vida. No obstante, en ocasiones puede acabar complicándola, de manera que la persona queda atrapada en ese dolor que le impide seguir adelante. Esto puede ocurrir de varias formas, como cuadros depresivos intensos, conductas de huida de las emociones que el duelo genera a través del uso de alcohol u otras drogas, reaparición en una perdida presente de emociones y sentimientos de un duelo no resuelto del pasado.

Tipos de duelo

Existen diferentes tipos de duelo como los duelos congelados, reprimidos, psicóticos, entre otros. A continuación se mencionan los más comunes:

  • Duelo bloqueado: Ocurre cuando la persona se encuentra en la fase de negación ante la realidad de la pérdida. Este bloqueo emocional se manifiesta con el paso del tiempo, pues el dolor sigue ahí aunque se niegue.
     
  • Duelo complicado: Se caracteriza por síntomas o conductas de riesgo sostenidas y que son de una intensidad riesgosa para la salud de la persona que se encuentra dentro de un contexto de perdida.
     
  • Duelo patológico: Es cuando la persistencia o intensidad de los síntomas ha llegado a detener la vida laboral, social y/o académica de alguno o varios de los miembros de la familia.

Para completar el duelo se necesita aceptar y experimentar la realidad de la perdida, sentir el dolor y todas sus emociones, adaptarse a un ambiente sin la presencia del ser que murió, aprender a vivir con su ausencia, tomar decisiones en soledad, retirar la energía emocional y reinvertirla en nuevas situaciones o relaciones.

Para finalizar, me gustaría compartir algunos consejos para vivir un proceso de duelo sano:

  • Busca el apoyo de familiares y amigos. Es normal que prefiramos estar solos, dependiendo del momento y de la persona. No saber lo que queremos también es normal, así que ten paciencia, no te culpes y ve a tu ritmo.
  • Permítete sentir y vivir el duelo, intenta no bloquear o evitar pensamientos y emociones.
  • Es importante permitir que los recuerdos surjan. Comparte los buenos y malos momentos. No hay razón para ocultar el dolor o la alegría.
  • Encuentra pequeños espacios de bienestar. Es necesario darse permiso para vivir y sentir.
  • Intenta no tomar decisiones importantes de forma precipitada. En ocasiones, la emoción es la que intenta controlar las decisiones y no siempre es acertada o la de mayor beneficio.
  • Intenta cuidar de ti mismo a través de la sana alimentación, el ejercicio, el descanso y la reducción de hábitos tóxicos. Puedes salir a caminar, tomar aire fresco, y un poco de sol, escribir en un diario, dibujar, leer o cualquier actividad que sea agradable y sana para ti.

Recuerda: NO ESTAS SOLX. ¡ÁNIMO!

* Sonia Heras Gastélum es analista especializada en psicología clínica, feminista y a favor de los derechos humanos.


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¿Qué es el síndrome del impostor?

Ilustración: Manolo Barrios.

Sonia Heras Gastélum

Por: Sonia Heras Gastélum*
@soniaherass

El síndrome del impostor es un trastorno psicológico en el cual las personas son incapaces de asimilar sus logros. Sin embargo, no está relacionado con tener baja autoestima o falta de confianza en sí mismo.

De acuerdo con la doctora Valerie Young, autora y experta en el síndrome del impostor, 7 de cada 10 personas han sufrido alguna vez este trastorno, por lo que se podría afirmar que es más habitual de lo que parece.

En el mundo, millones de hombres y mujeres, tanto empresarios exitosos como estudiantes brillantes, cantantes y más, están secretamente preocupados por no ser lo “suficientemente capaces”, como los demás creen que lo son.

Y aunque se tengan impresionantes logros académicos, constantes elogios de admiradores o una carrera profesional exitosa, la persona que padece este síndrome seguirá pensando que todo lo que ha logrado ha sido un simple “golpe de suerte”.

Niveles del síndrome del impostor

Existen dos niveles del síndrome del impostor. El primero se manifiesta cuando nos sentimos inseguros ante un nuevo reto. Este desaparece con el tiempo y la experiencia adquirida.

El segundo empeora con el tiempo; asumes que tu éxito se debe a la suerte y no lo asocias con tu capacidad, inteligencia o trabajo duro.

Causas

Existen 4 posibles causas de este síndrome:

  1. Percepción de éxito y fracaso: Las personas con este síndrome son autoexigentes y se ponen metas prácticamente imposibles.
  2. Estereotipos de género: El síndrome del impostor es igual de frecuente en hombres y mujeres. En el pasado, se creía que afectaba más a las mujeres por la presión de ser madre y, al mismo tiempo, una profesional exitosa.
  3. Dinámicas familiares: En ocasiones, los hijos sufren presión por tratar de ser lo que sus padres esperan que sean, sobre todo cuando la familia suele catalogar a otros hijos como “inteligentes”, “simpáticos/as”, “atléticos/as”, etc. De la misma manera, cuando se tienen padres o hermanos muy exitosos, el hijo se siente como la “oveja negra”.
  4. Diferencias salariales: La desigualdad en el tema salarial para las mujeres el mundo profesional es también una causa importante de este síndrome.

El síndrome del impostor afecta, en gran medida, a las personas que se desempeñan dentro de un área laboral, lo que provoca que no tomen riesgos ni se atrevan a pedir un ascenso debido miedo que sienten de no estar a la altura, por lo que terminan trabajando por debajo de su potencial. Esto ocasiona un aumento en sus niveles de estrés, afecta a su productividad y/o se esfuerzan demasiado para justificar que su éxito se debe al trabajo duro y no a su talento.

Si te sientes identificado con algunas de las causas anteriormente mencionadas, puedes comenzar por practicar un ejercicio de agradecimiento, tanto para ti mismo como por cada vez que alguien te haga un cumplido; evita justificarte o poner excusas. Comienza también por cambiar tus guiones internos y aprende a reconocer tus habilidades y tus méritos.

Recuerda que, además de reconocer algunas de las causas del síndrome del impostor, es importante acudir con un profesional de salud mental para recibir la terapia o el tratamiento que considere adecuado para tu situación.

* Sonia Heras Gastélum es analista especializada en psicología clínica, feminista y a favor de los derechos humanos.


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Heridas de la infancia

Ilustración: Manolo Barrios.

Sonia Heras Gastélum

Por: Sonia Heras Gastélum*
@soniaherass

Las heridas emocionales de la infancia repercutan en nuestra vida adulta, son una especie de lesión afectiva que nos impide llevar una vida plena. Su huella es tan profunda que incluso nos dificulta las relaciones interpersonales.

Es importante que como adultos trabajemos en estas heridas emocionales para no lastimar a otros con lo que nos lastima a nosotros.

El primer paso es reconocer las heridas con las que hemos crecido.

En la infancia vivimos muchas experiencias que pueden provocar diferentes sentimientos, tales como enojo, tristeza o miedo. Al no ser capaces de resolverlas en su momento, estos sentimientos quedan alojados en nosotros creando heridas emocionales.

Al no ser sanadas, dichas heridas dejan un profundo dolor en el infante y posteriormente en el adulto.

Al igual que una herida física, la herida emocional necesita de cuidados y tiempo para mejorar. De no tratarse adecuadamente, la herida seguirá causando dolor.

Las heridas de la infancia generalmente son causadas por nuestros cuidadores, y estas heridas influirán en nuestra manera de pensar, de actuar y de sentir.

Si no quieres que tus hijos vivan con dolor, es muy importante que tú mismo identifiques tus propias heridas de la infancia y que tengas un proceso terapéutico para ayudarte a sanarlas. Es de suma importancia hacerlo, ya que los padres son responsables de la crianza y la salud mental de sus hijos.

Las cinco heridas de la infancia

Herida de abandono

El abandono físico o emocional de los infantes les produce sentimientos de angustia. Si crecen con esta herida, al convertirse en adultos no serán capaces de hacerse cargo de sí mismos, por lo que serán personas dependientes. Al convertirse en padres, utilizarán a sus hijos para llenar sus propios vacíos afectivos o incluso pueden utilizar a su pareja de esta misma forma.

Herida de rechazo

Esta herida inicia en el embarazo y en los primeros años de vida. Cuando la mujer embarazada vive carencias emocionales, su bebé lo siente. A los adultos que vivieron rechazo les cuesta trabajo demostrar afecto a su familia. De esta misma forma, los hijos de padres con herida de rechazo crecen con carencias afectivas, por lo que no se sienten importantes ni tomados en cuenta.

Herida de humillación

Esta herida se relaciona con la vergüenza. Quienes la sufren se sintieron personas pocas dignas durante la infancia, además de que pudieron haber pasado por situaciones de abuso.

Como consecuencia, son adultos complacientes que no saben poner límites y suelen cargar con los problemas o responsabilidades de los demás. Para cubrir la herida sobreprotegen a sus hijos.

Herida de traición

En el caso del infante que tiene padres ansiosos o neuróticos, y que son incapaces de brindarle paz, este crece en un estado de angustia e incertidumbre. Cuando se convierte en adulto, se “coloca” mascaras para sobreprotegerse. Suelen convertirse en personas autoritarias y controladoras.

Herida de injusticia

Estos infantes se desarrollan dentro de una crianza rígida y situaciones polarizadas (muy buenas o muy malas; muy inteligentes o muy incompetentes). Como adultos son severos y exigentes. Les cuesta trabajo ser empáticos y condicionan el amor de sus hijos.

Todos podemos sentirnos identificados con una, dos o con todas las situaciones anteriormente planteadas. Recuerda que el tiempo no sana las heridas. Trabajar en sanar es lo que realmente las cura. De lo contrario, habrá niños lastimados en el cuerpo de adultos.

Te invito a que programes una sesión de psicoterapia y te animes a sanar esas heridas. Recordemos que los demás no tienen por qué sufrir a causa de lo que nos hace sufrir a nosotros. Mucho menos nuestros hijos.

* Sonia Heras Gastélum es analista especializada en psicología clínica, feminista y a favor de los derechos humanos.


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¿Qué es el trastorno bipolar?

Ilustración: Manolo Barrios.

Sonia Heras Gastélum

Por: Sonia Heras Gastélum*
@soniaherass

El trastorno bipolar es una enfermedad mental crónica que se caracteriza por variaciones en el estado de ánimo. A pesar de considerarse un padecimiento sin cura, un seguimiento adecuando permite a la mayoría de los pacientes llevar una vida normal en los ámbitos laboral, social y familiar

Dicha enfermedad afecta los mecanismos que regulan el estado de ánimo localizados en el cerebro.

Tipos de bipolaridad

Existen tres tipos de bipolaridad:

Trastorno bipolar tipo 1

Antes conocido como “psicosis maniaca depresiva”, este es el tipo de bipolaridad más conocido y el más grave. El paciente pasa de estados de ánimo de euforia extrema -muchas veces llamada “manía” -a una depresión grave. En ocasiones, durante estos episodios los pacientes necesitan ser hospitalizados.

Trastorno bipolar tipo 2

Es el tipo de bipolaridad menos grave. Quienes lo padecen pueden sufrir depresiones igual de graves que en el tipo 1, pero las euforias no son tan intensas. En este caso se les llama “hipomanías” y su duración no es tan larga.

Ciclotimia

Existe también la denominada ciclotimia, la forma más leve de la bipolaridad, en la que hay una inestabilidad muy alta en el estado de ánimo pero con poca intensidad. A estas personas se les etiqueta como “cambiantes”, y muy “inestables”.

La enfermedad aparece generalmente en la adolescencia, misma a la que se le suma de la carga genética, situaciones estresantes, cambios biológicos, cambios hormonales y, a medida que evoluciona la enfermedad, disminuye su relación con los cambios ambientales.

El trastorno bipolar se diagnostica clínicamente. Esto significa que se evalúan los síntomas explicados por el paciente, por sus familiares o entorno y por la observación que hace el psiquiatra del paciente. También es importante hacer un panel toxicológico y un análisis del DSM-V. La suma de todo esto es lo que define el diagnostico. 

Tratamiento

Para este trastorno, los tratamientos más comunes son el tratamiento farmacológico -que es necesario en la mayoría de los casos -y el tratamiento psicoterapéutico para que las personas con bipolaridad puedan adaptarse mejor a su estilo de vida y a su propia enfermedad. 

Es muy importante llegar a un correcto diagnostico ya que ciertos antidepresivos pueden activar la manía o empeorarla si no son recetados junto con estabilizadores del estado de ánimo. Por eso es importante estar con un profesional de la salud. 

Las principales complicaciones que puede tener un paciente bipolar si no sigue el tratamiento son el aumento del riesgo de sufrir una recaída más intensa y, si los síntomas son muy graves, requerir una hospitalización. 

También corren el riesgo de abandonar su empleo e incluso aislarse de familiares y amigos por completo. 

Alrededor del 2% de los casos termina en suicidio, en igual proporción entre hombres y mujeres.

Manía y depresión en el trastorno bipolar

Los siguientes son síntomas y situaciones que ocurren durante los episodios de manía y depresión mayor en personas con trastorno bipolar:

Mania:

  • Euforia descontrolada
  • Hiperactividad
  • Sensación de bienestar física y mental 
  • Mayor sociabilidad
  • Hablar muy rápido 
  • Mucha impulsividad
  • Poco o nada de sueño
  • Conductas inapropiadas, imprudentes, o groseras
  • Alucinaciones o delirios
  • Hiperactividad sexual
  • Aumento en la actividad laboral, escolar, o social 
  • Abuso de substancias
  • Optimismo excesivo
  • Gastos excesivos

Depresión mayor:

  • Tristeza
  • Sentimientos de desesperanza
  • Pesimismo
  • Sentimientos de culpa, inutilidad, o abandono
  • Perdida de interés en actividades cotidianas
  • Disminución de energía
  • Lentitud psicomotora
  • Dificultad para concentrarse
  • Insomnio o hipersomnio
  • Ideas suicidas
  • Suicidio
  • Irritabilidad 

Mitos

“Es solo un cambio del estado de ánimo”

Existe la falsa creencia de que una persona bipolar es una persona que cambia de estado de ánimo de un momento a otro. Sin embargo, la realidad es que el paciente empieza con alguna de las dos (manía o depresión). Supongamos que comienza con manía y esta va incrementando con el paso de los días, en los que cada vez duerme menos, esta más estimulado, más hiperactivo y, después de semanas o incluso meses, empieza a bajar de la manía para entrar en la depresión, sintiéndose deprimido, sin energía, sin poder levantarse de la cama hasta llegar a lo que conocemos como depresión mayor.

“El paciente puede controlar su conducta ‘echándole ganas’ ”

Si bien es cierto que la actitud es importante, cuando existe un desbalance químico en el cerebro es imposible pedirle a alguien con un trastorno mental que simplemente “le eche ganas”. Necesitamos tener paciencia y empatía, pues estas personas no pueden controlar lo que están sintiendo y también están pasándola mal. 

“Solo afecta su estado de ánimo”

Esto es completamente falso. Es decir, sí afecta su estado de ánimo, pero también afecta su juicio, su toma de decisiones, su libido sexual, su apetito, su concentración, y su ciclo de sueño.

* Sonia Heras Gastélum es analista especializada en psicología clínica, feminista y a favor de los derechos humanos.


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¿Qué es el Trastorno del Espectro Autista?

Ilustración: Manolo Barrios.

Sonia Heras Gastélum

Por: Sonia Heras Gastélum*
@soniaherass

¿Tu hijo/a no avanza en su desarrollo? ¿No habla? ¿No responde a su nombre? ¿No te mira a la cara? ¿No se relaciona con los demás? ¿No hace lo que “debería” hacer normalmente para la edad que tiene? Quizás podría padecer autismo.

Pero ¿qué es el autismo?

El autismo es un trastorno en el que se producen una serie de alteraciones del desarrollo cerebral que provocan problemas para el correcto funcionamiento de las vías de comunicación entre las diferentes áreas del cerebro

Las personas autistas se enfrentan a problemas importantes para integrar la información que reciben del exterior y, además, no pueden gestionarla adecuadamente. 

Se estima que el autismo puede llegar a afectar hasta uno de cada 200 niños en el mundo, siento la mayoría de los casos por causas genéticas. 

Existen espectros derivados del autismo, como el síndrome de Asperger, trastorno desintegrativo infantil, el autismo clásico, entre otros.

¿Cómo se diagnostica el autismo?

Es preocupante cómo hoy en día se les realiza un diagnóstico erróneo a muchos niños solo por tener problemas de aprendizaje o por sufrir trastorno por déficit de atención. Estos problemas hacen que se les diagnostique como autistas. 

Para hacer un buen diagnóstico del Trastorno del Espectro Autista deben coincidir tres características principales:

  1. Trastorno comunicativo: Cuando un niño o niña no es capaz de comunicar o transmitir información al exterior.
  2. Trastorno en las relaciones sociales: Esto no significa un niño o niña con pocos amigos o introvertidx, sino incapaz de empatizar y transmitir sus sentimientos a otras personas.
  3. Patrones de conducta repetitivos: Aquí se habla de una situación claramente anormal. No hablamos de niños con manías, sino de situaciones o conductas patológicas.

Existen muchos exámenes para llegar al diagnóstico correcto. Es aceptado utilizarlos con pacientes en quienes ya se sospeche de autismo o incluso que ya hayan sido diagnosticados.

El diagnóstico es 100% clínico. Es decir, se basa en la observación y la experiencia del profesional, pues si nos basamos únicamente en los exámenes podríamos llegar a un mal diagnóstico.

Hacer pruebas para valorar el autismo puede ser muy complicado. Sin embargo, saber si un niño o niña es autista es realmente fácil. De acuerdo con profesionales de la salud, se puede tener claro en un tiempo aproximado de 10 minutos durante la consulta.

Tratamiento

El tratamiento para un niño o niña con autismo debe tener como objetivo normalizar al máximo su neurodesarrollo. ¿Cómo? Trabajando en mejorar su nivel de auto control. También tenemos que mejorar su nivel de ansiedad, su alimentación y su ciclo de sueño.

La terapia de estimulación cognitiva y relaciones sociales son muy eficaces para el tratamiento y mejoría en calidad de vida de personas con autismo.

Ahora que tienes una definición más clara de lo que es el autismo, te comparto algunas cosas que niños y niñas con autismo les gustaría que supieras:

  • Todo niño con autismo es más que un “autista”; no les gusta ser etiquetados
  • Ellos viven en un mundo sensorial muy diferente al nuestro. Por ejemplo, sienten la textura de la tela del pantalón sobre su piel y les incomoda, al igual que la forma y material de los zapatos. Por ello no es raro que se rehúsen a usar ciertas marcas de ropa, y no es un capricho: realmente les incomodan mucho.
  • Les gustaría que pudiéramos diferenciar un “no puedo” a un “no quiero”
  • A un niño o niña autista tienes que pedirle que se acerque a ti, hablarle con palabras sencillas de comprender y captar su atención. Si estás gritándole del otro lado del salón puede que no entienda lo que le estas pidiendo y solo se sentirá humillado.
  • No entienden el sarcasmo o las metáforas; interpretan literalmente lo que decimos.
  • Debemos estar atentos a sus señales no verbales, pues tienen dificultades para expresarse. 
  • Piensan con imágenes. Por esto es mucho mejor que, antes de decirles lo que queremos, es mejor que se lo mostremos.
  • Les gustaría que no nos enfoquemos en lo que no pueden hacer, sino en lo que pueden y saben hacer.
  • Ayudémosles en las relaciones sociales, enseñémosles a jugar con otros niños porque ellos también quieren jugar, pero no saben cómo. También tenemos que enseñarles a los demás cómo integrar a estos niños a jugar con ellos.
  • Amémoslos de forma incondicional, pues sin nuestra ayuda sus posibilidades de tener éxito son muy bajas.
  • Tres palabras clave: Paciencia, Paciencia, Paciencia.

* Sonia Heras Gastélum es analista especializada en psicología clínica, feminista y a favor de los derechos humanos.


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Hablemos sobre el suicidio


Sonia Heras Gastélum

Por: Sonia Heras Gastélum*
@soniaherass


Considero de suma importancia superar los tabúes y aumentar la sensibilidad de la sociedad para que los países avancen en la prevención del suicidio.

Lamentablemente, la prevención del suicidio no se ha abordado debidamente por el estigma que aún existe en torno a esta problemática. Esto dificulta hablar sobre el tema abiertamente, convirtiéndolo en un tema tabú.

La estigmatización, sobre todo la que se crea en torno a los trastornos mentales y el suicidio, impide a muchas personas a pedir ayuda, lo que sin duda es vital para la superación del problema.

El impacto del suicidio en el mundo

Cada año se suicidan cerca de 700 000 personas. Actualmente, el suicidio es la tercera causa de muerte entre los jóvenes de 15 a 25 años.

La mayoría de los intentos de suicidio no terminan en muerte, estos intentos se llevan a cabo de una manera en la que el rescate es posible. Contrario a lo que algunos piensan, los intentos de suicidio no son para llamar la atención: es una llamada de auxilio.

De manera alarmante, los factores de riesgo asociados al suicidio, como la perdida laboral, el trauma, el abuso, trastornos mentales, el abuso de substancias y las barreras para acceder a atención medica se han ampliado aún más debido a la pandemia por Covid-19.

¿Qué hacer ante el suicidio?

Puede parecer que tus problemas no tienen solución y que el suicidio es la única alternativa para ponerle fin a tu sufrimiento. Sin embargo, existen medidas que puedes tomar para mantenerte a salvo y volver a disfrutar la vida.

Los signos de advertencia no siempre son obvios; pueden variar de persona a persona. Algunos dejan claras sus intenciones, mientras que otros guardan en secreto sus pensamientos y sus ideas suicidas.

Algunas intervenciones de eficacia demostrada que se basan en la evidencia son:

  • Eliminar el estigma y abordar el tema
  • Restringir los medios utilizados, como plaguicidas, armas de fuego y ciertos medicamentos.
  • Desarrollar en los adolescentes aptitudes socioemocionales para la vida.
  • Educar a los medios de comunicación para que informen con responsabilidad sobre el suicidio.
  • Detectar a tiempo, evaluar y tratar a las personas que muestren conductas suicidas, y darles seguimiento.

Algunos de los síntomas que podrían advertir sobre el suicidio son:

  • Aislamiento.
  • Se habla sobre el tema con comentarios como “desearía estar muerto” u “ojalá no hubiera nacido”.
  • Aumento del consumo de alcohol y drogas.
  • Despedida de personas como si fuera la última vez que las ven.
  • Sentirse atrapado o sin esperanza.
  • Alteración en los hábitos alimenticios o sueño.
Ilustración: Getty Images.

Rompamos con los mitos

Muchas personas creen que, al hablar con sus hijos o seres queridos sobre el tema, podrían ‘meterles’ en la cabeza ideas erróneas. Incluso, algunos creen que cuando alguien dice de manera abierta que está considerando quitarse la vida, lo está haciendo “para llamar la atención”.

Si esta llamada de auxilio es ignorada, las probabilidades de que se autolesione o intente quitarse la vida se elevan.

Es importante catalogar estas señales de advertencia como graves ya que, por lo general, las personas que están pasando por este tipo de situaciones pueden estar gravemente deprimidas, deseando estar muertas o pensando en suicidarse.

Algunas escuelas abordan el tema del suicidio llamando a un psicólogo para que ayude a los estudiantes a tratar de comprender y afrontar esta problemática.

De acuerdo con Beyond Blue -institución de bienestar en Australia -abordar el tema puede devolver esperanza a las personas con pensamientos suicidas.

Ilustración: Malte Mueller vía Getty Images.

¿Cómo superar el suicidio de un ser querido?

Después del suicidio de un ser querido, es posible que sientas que no puedes seguir adelante o que no volverás a disfrutar la vida de la misma manera. Te preguntaras por qué ocurrió, y recordarlo puede desencadenar sentimientos de dolor que pueden permanecer en ti durante años.

Pero con el paso del tiempo, la cruda realidad del duelo se disipará.

Comprender el complicado legado del suicidio y cómo hacer frente a un sufrimiento palpable te puede ayudar a sanar, sin dejar de honrar la memoria de tu ser querido.

Hace un año, el suicidio cobró la vida de una persona muy especial para mí. Cuando me llamaron para darme la noticia no pude hablar, no pude expresar nada. Sentía rabia y culpa. No supe cómo lo hizo, pero imaginé cosas horribles. Hasta la fecha esas imágenes creadas en mi cabeza siguen rondándome.

Este es el inicio del trauma, cuando te dan la noticia de que alguien que amas acabo con su vida.

No existe una manera de evitar que una noticia de tal magnitud impresione a quien la reciba, pero informar con empatía y cautela puede amortiguar un poco el golpe.

Tenemos que hablar de este tema, pero desde la compasión y no del juicio.

Uno de los motivos por el cual los familiares tienden a esconder la verdad del suceso es porque aún vivimos en una sociedad que estigmatiza el suicidio. Como si el dolor que se siente no fuera suficiente, algunos todavía juzguen y condenen a las personas del exterior. Por ello, se genera un sentimiento de culpa y de vergüenza en quienes atraviesan esta tragedia.

Necesitamos crear más espacios seguros para que estas personas compartan su dolor y comiencen el camino hacia su recuperación emocional. ¿Por qué? Porque nombrar en voz alta la más profunda de nuestras penas puede salvarnos la vida.

La persona que termina con su vida realmente no quería morir. Quería que el inmenso dolor que sentía se detuviera.

Los pensamientos suicidas no desaparecen por si solos, busca ayuda. Si te abruman los pensamientos de querer acabar con tu vida busca ayuda AHORA MISMO.

Línea de vida: 800 911 2000

Si has perdido a alguien, puedes contactarte al Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia: www.consejociudadanomx.org

* Sonia Heras Gastélum es analista especializada en psicología clínica, feminista y a favor de los derechos humanos.


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La vida empieza donde la zona de confort termina


Sonia Heras Gastélum

Por: Sonia Heras Gastélum*
@soniaherass


La zona de confort es este espacio donde nos sentimos cómodos y seguros, conformado por nuestros hábitos y rutinas, incluyendo el trabajo, tus amistades, tu pareja. En fin, tu entorno.

El problema con la zona de confort es que allí no pasa NADA. Ni bueno, ni malo. Nuestra vida se vuelve una rutina y es entonces cuando aparece el aburrimiento, la tristeza, y el desinterés.

¿Hasta cuándo vamos a seguir culpando a los demás de nuestra vida y de nuestras decisiones? Teníamos más opciones, las seguimos teniendo. Somos seres libres; lo que somos y lo que queremos llegar a ser depende solo de nuestras decisiones y de nadie más.

Nadie puede obligarte a salir de tu zona de confort

Ilustración: Olga Lychkova.

Conozco a personas que sienten que tiene todo bajo control, pero tan solo pensar en la idea de ‘cambio’ les genera mucha ansiedad y miedo. Está bien, se vale. Sin embargo, ¿Sabes qué no se vale? QUEJARSE.

Si tú eliges quedarte donde estás, no se vale quejarte de tu familia, de tu trabajo, de TU vida, porque SIEMPRE hay más opciones. Incluso cuando piensas que no hay salida, si la hay. Es válido que decidas quedarte en tu zona de confort, pero no niegues que existen más opciones solo porque el hecho de pensar en realizar un cambio te aterra.

Si decides quedarte ahí, por favor dime que eres feliz. Porque si no es así, ¿entonces qué esperas para dejar de quejarte y tomar acción? ¿Te da miedo?

¿Y si decido salir de ella?

Ilustración: Geneva Bowers.

Salir de la zona de confort da muchísimo miedo, pues supone enfrentarse a lo desconocido. Siendo sincera, a mí también me ha dado mucho miedo salir de algunas zonas de confort, y en algunas de ellas aún no he podido salir. No es una tarea fácil, se requiere valentía y tener la sensación de que necesitas un cambio, que surge cuando te das cuenta que lo que antes sentías cómodo ahora ya no se siente tan cómodo. Pero cuando logro hacerlo, incluso cuando ciertas decisiones no salieron como yo lo planeaba, me siento mejor pues las experiencias me dejan algún tipo de aprendizaje y me siguen convirtiendo en una persona más despierta y más fuerte.

El cambio siempre es bueno; implica aprender y evolucionar. Si quieres que tu vida cambie, no esperes que las oportunidades lleguen mientras estas acostado en tu sofá viendo Netflix. Eres tú quien tiene que moverse.

Más que una zona de confort es una ‘zona de desconfort. Estamos molestos, cansados, hartos, incomodos, pero no lo suficiente para cambiar, por lo que nos quedamos en la zona de confort porque hacerlo es mucho más “fácil” que cambiar.

Supongamos que decides intentar salir de la zona de confort. ¡Felicidades! Pasarás a la zona de aprendizaje, por no decir la zona de “pánico”. ¿Por qué de pánico? Porque es una zona desconocida, porque no sabes que va a pasar. Sin embargo, esta zona de aprendizaje ampliará tu visión del mundo y de ti mismo. Descubrirás que eres mucho más capaz de lo que creías, conocerás personas nuevas, entornos diferentes, vivirás nuevas experiencias y, al enfrentarte a tus miedos, te darás cuenta de que detrás de tanto miedo realmente no hay nada. Que al final era solo eso, miedo.

Con el tiempo, lo incomodo se vuelve más cómodo. Cada vez te sentirás mejor con el cambio, con el autoconocimiento, incluso puedes llegar a conocer cosas de ti que no tenías idea que podías hacer.

No hay un momento perfecto para hacer un cambio, más bien eres tú quien tiene que crearlo. No esperes a que te promuevan o a que te despidan de tu trabajo, no esperes a que termine esa relación, no sigas esperando. La vida es eso que pasa mientras esperamos. Toma acción. NADIE puede hacerlo por ti.

“Cuando ya no se puede cambiar una situación tenemos el desafío de cambiarnos a nosotros mismos”.

Victor Frankl, neurólogo y psiquiatra austriaco.

* Sonia Heras Gastélum es analista especializada en psicología clínica, feminista y a favor de los derechos humanos.


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