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Chernóbil: Revive el temor a casi cuatro décadas de la tragedia

Por 1986 empezaba a laborar en mi primer trabajo formal después de graduado. En ese tiempo me pude hacer de un enorme perro Gran Danés a quien llamé Chernóbil, al cual cariñosamente le apodé “Cherno”. Comentario aparte: dados sus 70 kg de peso, y a manera de broma, decía que “apenas me alcanzaba para darle de comer con mi sueldo”, pero él tenía prioridad en mi agenda.

¿Porque Chernóbil, el nombre de una ciudad ucraniana? Pues sucede que la explosión del reactor nuclear de Chernóbil en abril de 1986 fue motivo de gran preocupación por ese tiempo. Fue un accidente de proporciones mayúsculas, “considerado el peor de la historia, y el más grave en la escala internacional de accidentes nucleares, y uno de los grandes desastres medioambientales”. “Las explosiones volaron la tapa del reactor 4 de 1200 toneladas y expulsaron grandes cantidades de materiales radiactivos a la atmósfera. Las nubes radioactivas alcanzaron Europa occidental y América del norte”. Mucha gente murió, tanto en la explosión como años después. La ciudad completa, de más de cien mil habitantes, fue evacuada. Seguramente tanta fue la difusión del suceso en medios masivos de ese tiempo que su nombre quedó grabado en mi cabeza, influenciando la decisión del nombre de mi mascota.

25 años después ocurre el accidente de la planta nuclear de Fukushima, Japón, en marzo de 2011. Este fue precedido de un terremoto y un tsunami, el cual se considera de la misma magnitud que el de Chernóbil. Esto también fue muy publicitado, llegando a encontrarse evidencias de contaminación producto de la radiación en las costas de California en los años posteriores. Países como Alemania, sin tantas plantas nucleares como Japón, decidieron entonces cerrar sus centrales nucleares y migrar hacia la generación de otras energías alternativas, como la eólica y solar.

Central nuclear de Chernóbil
Último día de trabajo en la Central Nuclear de Chernóbil, el 15 de diciembre del 2000. Foto: Forgotten Chernobyl

¿A qué vamos con todo esto? Hace un mes, las autoridades rusas decidieron invadir Ucrania, recuperar quizás uno de los países bajo la dominación soviética de hace más de tres décadas. Es decir, no es la primera vez que lo hacen.

“Después de la Revolución rusa de 1917 y hacia el final de la Primera Guerra Mundial, Ucrania se independizó por poco tiempo, hasta comienzos de la década de 1920, cuando pasó a ser parte de la Unión Soviética. En 1941, durante la Segunda Guerra Mundial, fue ocupada por Alemania, hasta que la Rusia soviética recuperó el control del país en 1944 y expandió sus fronteras para incluir el territorio tomado de Rumania, Polonia y Checoslovaquia (hoy República Checa)”.

La situación es que el ejército ruso entró por varios frentes, entre ellos por Bielorrusia, al norte de Ucrania, donde se encuentra la vieja planta de Chernóbil, siendo parte de los objetivos rusos y motivo de ataque. También tomaron la central nuclear de “Zaporiyia”, demostrando así que la toma de las centrales nucleares no es mera casualidad.

Incendio en Chernóbil
Incendio provocado durante la batalla de Chernóbil el 24 de febrero de 2022

La zona de exclusión de Chernóbil fue el lugar de combate entre tropas rusas y ucranianas durante la batalla de Chernóbil el 24 de febrero de 2022, como parte de la Invasión rusa de Ucrania. Las tropas rusas tomaron la planta el mismo día” “El Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA, por sus siglas en inglés) pidió «máxima moderación» para proteger los sitios nucleares en Ucrania tras los combates alrededor de Chernóbil” (BBC)

El presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky, dijo que el ataque ruso a la planta de energía nuclear de Zaporiyia, la mayor de Europa, podría haber causado una destrucción equivalente a «seis Chernóbil». Las fuerzas rusas se hicieron horas antes con el control de la central, ubicada en el sureste de Ucrania, tras atacarla y provocar con ello un incendio que finalmente fue sofocado. También afirmó que Rusia sabía lo que estaba haciendo cuando apuntó proyectiles directamente a la planta nuclear, y lo calificó como un acto de «terrorismo de un nivel inaudito». (BBC).

“Apenas en noviembre de 2016, se inauguró -en Chernóbil- un nuevo sarcófago, al que se denominó ‘nuevo sarcófago seguro’ (NSC, por sus siglas en inglés), una estructura móvil, la mayor construida hasta la fecha en el mundo, en forma de arco de 110 metros de alto, 150 de ancho y 256 de largo y más de 30,000 toneladas de peso. Se construyó con características que le dieron una durabilidad estimada de más de cien años. El costo final de la estructura fue de 1,500 millones de euros”. “La nueva estructura permitirá desmantelar el antiguo sarcófago y extraer el material radiactivo. En 2023 se espera completar la destrucción de la vieja estructura, la tarea más delicada de todo el proyecto pues implica trabajar en el interior del reactor” (El Mundo).

Central nuclear de Chernóbil
Reactor de Chernóbil protegido por el Nuevo Sarcófago Seguro (NSC). Foto: AP

Luego entonces, ¿en qué cabeza cabe arriesgarse a otro accidente nuclear producto de las bombas rusas o del contrataque ucraniano? En ese momento mi preocupación aumentó y me acordé de mi perro, el “Cherno”, quien representaría a las víctimas de la explosión de 1986, y que no fue provocada, sino que fue producto de pruebas fallidas con el reactor No 4, que resultaron contraproducentes.

La planta nuclear de Chernóbil —misma que conocemos por el nombre de una de las ciudades que queda cerca de la planta, Chernóbil, a 18 km — lleva por nombre Vladimir Ilich Lenin. Desde hace 50 años inició su construcción, al igual que la pequeña ciudad de Prípiat para los trabajadores de la planta, hoy en día una ciudad fantasma. Debido a las necesidades de energía eléctrica, la central se mantuvo en funcionamiento hasta el año 2000 cuando fue cerrada. Se encuentra ubicada en el territorio de Ucrania al norte de su capital Kiev, muy cerca de la frontera con Bielorrusia, pero en tiempos del accidente nuclear (1986) aún estaba bajo el dominio de la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas (URSS) que fue disuelta en 1991. Cabe destacar que en julio de 1990, Ucrania ya había declarado su soberanía, al igual que otros 15 estados que se convirtieron en repúblicas independientes. 

Recordemos también el famoso muro de Berlín, el cual dividía Alemania en la parte occidental que controlaban los países Aliados, y la Alemania oriental (República Democrática Alemana, RDA) que controlaba la URSS.  El muro cayó en 1989 ante la consecuente desintegración de la URSS ocurrida, entre otras causas, por la “Perestroika” (la restructuración) promovida por el entonces jefe de estado Mijaíl Gorbachov, quien abrió la economía de mercado durante su mandato como presidente de la nueva federación rusa.

“Además, la legitimidad del Gobierno de Gorbachov se vio minada en agosto de 1991 por un intento de golpe de Estado de la línea dura del Partido y el KGB para evitar el colapso del sistema soviético. Todo ello provocó ese año la desintegración de la URSS y del Pacto de Varsovia, poniendo fin a la Guerra Fría. Pese a que se suele apuntar a las reformas de Gorbachov, el exlíder soviético opinó en 2006 que el accidente nuclear en Chernóbil de 1986 había sido “tal vez —más que la perestroika— la verdadera causa del colapso de la Unión Soviética”.

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La revolución mundial en 2022

Vista nocturna de Dubái, Emiratos Árabes Unidos, desde el piso 124 del Burj Khalifa, el edificio más alto de mundo.

Luis Fernando Heras Portillo

Por: Luis Fernando Heras Portillo
Desarrollador de negocios turísticos, comerciales e industriales.

En el último siglo, la humanidad ha sido testigo de reconversiones o grandes transformaciones económicas, políticas y sociales que han definido la manera en cómo enfrentamos los retos del mañana. Pero como toda revolución, en medio del movimiento destacan solo algunas naciones como líderes de dichos cambios. Es decir, son ellas quienes ponen el ejemplo y pavimentan el camino hacia el futuro.

Pero estas no poseen títulos vitalicios; las grandes potencias mundiales han cambiado constantemente de posición durante los últimos 30 años como resultado de la competencia económica a nivel global. En este ranking también han comenzado a influir —con cada vez mayor fuerza— otros factores. Entre ellos, el sector inmobiliario, financiero, comercial, medioambiental, el turismo y, principalmente, la tecnología digital.

Como resultado, actualmente existen países que pueden definirse como referentes. Por lo que, cuando llegue el momento, puedan ser de utilidad a otros que se encuentran en menor escala de valores políticos y sociales, pero sobre todo en la parte económica.

Lo anterior debe ser un buen ejemplo a seguir por una sencilla razón: porque vivimos en un mundo globalizado, y México no es ajeno a este proceso. Nuestro país ocupa la posición número 15 en el ranking mundial por Producto Interno bruto (PIB), de acuerdo con el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Esto nos brinda la gran posibilidad de escalar algunos peldaños, apoyados en el potencial que tenemos en el turismo, en el comercio, en la productividad, en las exportaciones, en el mejoramiento de la calidad de vida de los mexicanos y en muchas otras ramas, como la agro industrialización y el cuidado del medio ambiente a través del aprovechamiento de nuestros recursos naturales.

La energía solar es uno de los recursos renovables con mayor potencial para México. Foto: Planta fotovoltaica de Acciona en Puerto Libertad, Sonora.

Pero ¿cuáles son las grandes potencias económicas de la actualidad? En este sentido, me gustaría destacar cuatro de ellas que son particularmente importantes debido a la manera en la que abordan los desafíos globales, razón por la cual pueden ser tomadas en cuenta como modelos que demuestren a los mexicanos que es posible encontrar soluciones responsables, creativas y con visión de futuro para tratar de ser mejores cada día.

A través de acciones, tecnología, políticas públicas e infraestructura, las noticias, imágenes y videos que circulan en la red son testimonio de la competencia que se da entre cuatro grandes potencias que, hoy por hoy, luchan para decidir quién es el mejor, no quién es el peor: China, Estados Unidos, Rusia y, más recientemente, Emiratos Árabes Unidos.

Abu Dhabi, capital de los Emiratos Árabes Unidos | Deposit Photos

Es curioso, pero cada una de ellas nos brinda ejemplos que vale la pena tomar en cuenta. Uno de ellos es el valor que le otorgan a la cultura y a las tradiciones. Como un elemento vital de la sociedad, la cultura nos une y nos da identidad. Si a ello le sumamos el factor tecnología, logramos reforzar los valores y el sentido de pertenencia de las nuevas generaciones. El esfuerzo anterior se vio reflejado, recientemente, en las celebraciones de Año Nuevo en cada uno de estos lugares. En redes sociales se viralizaron videos del festejo en Beijing, China; en Moscú, Rusia, y Estados Unidos en Nueva York y Miami —esta última ciudad destaca por el enorme ‘boom’ económico que ha estado experimentando en los últimos años tras la pandemia por Covid-19.

Show de luces durante la celebración de Año Nuevo 2022 en Beijing, China | Ruptly

Pero el que llamó mi atención de una manera muy especial fue la celebración de Emiratos Árabes Unidos, particularmente en Dubái y en Abu Dhabi. Al igual que Miami, vale la pena prestar atención a la manera en la que las principales ciudades de este país buscan destacar y mostrarse al mundo como lo que son hoy en día: atractivos destinos turísticos y de inversión inmobiliaria, energética, tecnológica, carga y logística, transporte y más.

En la competencia que se pugna entre estos cuatro gigantes de la economía mundial sobresalen tres elementos fundamentales.

El primero es el del dominio económico. Este implica, básicamente, el control e influencia que tiene una nación sobre la economía global, sacando provecho a las circunstancias económicas para beneficio de su población, de sus gobiernos, de sus empresarios y de sus ciudadanos. No obstante, con la crisis de Covid-19 descentralizando la dinámica internacional y ralentizando la globalización, el dominio económico podría ser otorgado a aquellos que decidan reforzar y diversificar la cooperación entre naciones en el tema del comercio internacional.

Ejemplo de ello es lo realizado por Emiratos Árabes Unidos, quienes por años han sido uno de los socios más cercanos a Estados Unidos en cuestiones políticas, económicas y militares. Sin embargo, también han reforzado sus relaciones con China por su capacidad económica y tecnológica, siendo este último un factor vital para el desarrollo de ciudades inteligentes. Por su parte, el país asiático ha hecho lo propio, especialmente la ciudad de Beijing que hoy en día es el mayor comprador de petróleo crudo de la región del Golfo, de acuerdo con el Financial Times.

Ese es el juego, finalmente. Esa es la competencia que se da, incluso, entre China y Estados Unidos, que ha sufrido muchos ‘jalones y estirones’, pero avanza y marca la pauta de las decisiones que se toman a nivel global. Recordemos que China se encuentra entre sus principales socios comerciales, de acuerdo con cifras de la Oficina del Censo de Estados Unidos, en donde, por cierto, México destaca como el principal socio en materia de comercio.

México es el principal proveedor de importaciones agrícolas de Estados Unidos. Entre los productos destaca el aguacate, cuyas exportaciones hacia el vecino país del norte representan el 78.7% del total.

También, las nuevas tecnologías, los grandes corporativos financieros y el turismo influyen en el dominio económico global. Ejemplo de ello son las ciudades de Abu Dhabi, capital de los Emiratos Árabes Unidos, y Dubái, que es actualmente la meca o la capital mundial del turismo, del neo turismo, del cual profundizaré en un próximo artículo.

El segundo factor o fenómeno que se da entre los grandes es la competencia dinámica, creativa e impresionante de la infraestructura interna de sus países. Es decir, la competencia se refleja en sus grandes puentes, enormes desarrollos de parques de energía solar, grandes presas, túneles, carreteras, en el mejoramiento de la calidad urbanística de sus ciudades, del transporte, de la comunicación, de sus centros comerciales, de sus parques y jardines, y de todas las áreas que disfrutan los habitantes de dichos lugares y que los convierte en países de primer mundo. Y esto es algo que los mexicanos también queremos para nuestro país.

En esta competencia dinámica y creativa impresiona la incorporación de las nuevas tecnologías en sus gigantescos edificios, rascacielos y nuevos puertos marítimos, aéreos y terrestres que incrementan su capacidad operativa. En este tema, recordemos los grandes proyectos de infraestructura educativa y hospitalaria, como aquella que observamos en China durante las primeras semanas de la lucha contra la pandemia de Covid-19. El mundo se maravilló ante la gran hazaña que lograron los chinos al construir un hospital en tan solo 10 días, algo que incluso fue transmitido en vivo para que las personas siguieran el progreso de la construcción.

Foto del hospital Huoshenshan, en Wuhan, China, tomada el 2 de febrero de 2020 | XinhuaNet

Finalmente, el tercer gran factor es la aparición del ‘delfín’ o la nación más nueva en la competencia global: Emiratos Árabes Unidos. Se trata, pues, de la ‘joya de la corona’ del siglo XXI. Como lo he mencionado anteriormente, las nuevas relaciones comerciales —promovidas, sobre todo, por generaciones más jóvenes— están impulsando la grandeza del desarrollo turístico y lo están convirtiendo el centro mundial de negocios. Tal es el caso de la Expo 2020 Dubái, un encuentro que promueve el intercambio cultural y económico entre los países, inaugurado el pasado 1 de octubre de 2021 y cuya duración se extiende hasta el 31 de marzo de 2022. De ese tamaño es el esfuerzo que están haciendo.

Centro de Exposiciones de Dubái, sitio donde se lleva a cabo la Expo 2020 Dubai. El complejo de 45,000 m2 fue construido especialmente para el evento y se encuentra ubicado cerca de la frontera sur de Dubái con Abu Dhabi.

Por ello, Abu Dhabi y Dubái, particularmente, se están convirtiendo en las capitales mundiales de los centros financieros, y del financiamiento de muchos proyectos distribuidos en todo el mundo, tal como lo hizo Estados Unidos, China y otros países desarrollados.

Así la naturaleza del mundo actual y así es como tenemos que analizarla, porque somos parte de ella. Debe servir como ejemplo a México para integrarnos a la competencia, para crecer junto con los actores involucrados y construir nuestro futuro, un futuro de desarrollo, de prosperidad, de progreso, de crecimiento económico y de beneficio para la población.


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México y su verdadera pandemia

Ilustración de portada por: Manolo Barrios.


Sonia Heras Gastélum

Por: Sonia Heras Gastélum


La violencia feminicida en México es una pandemia que no ha aplanado la curva, sino que sucede todo lo contrario. Las mujeres no están, ni se sienten seguras en sus propias casas.

Mientras que América Latina ha sido identificada como el nuevo epicentro de covid-19, la otra pandemia pasa desapercibida.

Muestra de ello son los recientes datos presentados por el secretario ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP), los cuales revelan que de enero a agosto del 2020 se registraron 626 víctimas de feminicidios en México. Sí, el confinamiento agravó los niveles de violencia doméstica, incrementando en un 90% las llamadas a las líneas de denuncia.

Sin embargo, aunque la denuncia es el primer paso en la búsqueda de justicia, la falta de empatía termina por empeorar la situación. Ante los casos de violencia contra la mujer en México, con frecuencia escuchamos preguntas como: ‘¿Por qué no lo denuncio?’ ‘¿Por qué no pido ayuda?’ Resulta muy fácil opinar, juzgar y hasta condenar a una mujer cuando tú no eres la víctima. Pero ¿qué pasa con una mujer maltratada, humillada, dominada, denigrada y sobre todo presa del miedo?

Lo primero que debemos entender es que una mujer que sufre maltratos, que es privada de sus derechos más elementales, con una salud mental que va poco a poco deteriorándose y perdiendo su sentido de autonomía y valía, difícilmente se atrevería a tomar una decisión como huir de casa, sumando a esto el bienestar de sus hijos, si llegara a tenerlos.

Según estudios realizados por la Red Nacional de Refugios (RNR), el primer motivo que impide a una mujer a denunciar es el miedo al maltratador. Miedo a ser hostigadas, acosadas, amenazadas e incluso asesinadas.

Otro de los miedos más recurrentes de las mujeres que sufren de violencia es que no les crean. Hasta cierto punto, cuando denuncias te ves obligada a explicar por qué toleraste determinados comportamientos y esto, de cierta forma, conduce a la culpabilización de la víctima.

Por otra parte, el informe del programa “Ciudades y espacios públicos seguros para mujeres y niñas”, reveló que los principales motivos que impiden denunciar en México son:

  • 49.5% consideró que se trató de algo ‘sin importancia’.
  • 15.2% no sabía cómo o dónde denunciar.
  • 8.9% sentía vergüenza.
  • 7.3% tenía miedo a las consecuencias.
  • 4.7% tenía miedo de no ser creídas, o peor aún, que las culparan a ellas.
Mujeres en protesta el pasado 16 de septiembre en Monterrey, Nuevo León. Foto: Gabriela Pérez Montiel vía Cuartoscuro.

La infraestructura judicial, la denuncia y la protección de la mujer son elementos imprescindibles para eliminar este tipo de violencia. Las víctimas deben ser acompañadas por profesionales con la formación adecuada para ayudarlas en su situación de violencia y vulnerabilidad.

No obstante, cuando las mujeres se atreven a denunciar, lamentablemente en raras ocasiones la justicia llega para condenar a quien resulte culpable. Se estima que el 28.6% de las víctimas de violencia machista se atrevieron a dar el primer paso y denunciar. Pero de los casos denunciados, solo 13 de 76 han tenido una audiencia de imputación de cargos.

La violencia, una ‘enfermedad’ que afecta el bienestar de las familias

Foto: Imelda Medina vía © Reuters

Una de las consecuencias más devastadoras del covid-19 ha sido el aumento de violencia física, psicológica y sexual contra las mujeres y niñas porque el estado no ha abordado la pandemia desde un enfoque de género y derechos humanos.

Durante el confinamiento, en México se registró un incremento del 117% en la actividad de pornografía infantil y también la comercialización o prostitución de niños y niñas.

Las cifras lo confirman: en 5 meses de contingencia, la RNR atendió a 23,303 mujeres. Pero esta tendencia se observa desde hace algún tiempo. De 2019 a la fecha, las solicitudes de apoyo incrementaron un 57% y las atenciones en refugios y centros de atención incrementaron 68%. Además, el 51% de los hijos o hijas de madres violentadas que han pedido ayuda han sufrido algún tipo de abuso.

Ante esto, es urgente que organizaciones políticas, gubernamentales, y civiles garanticen su compromiso de CERO tolerancia a la violencia contra la mujer. Sin embargo, el problema al que nos enfrentamos en México es la ausencia de datos desagregados por razones de género y, por supuesto, la falta de evaluación, seguimiento y monitoreo de las acciones implementados por el gobierno.

El Estado mexicano sigue en deuda con las víctimas. Los derechos humanos no deben condicionarse ni consultarse, se ejercen libremente. El derecho de una vida libre de violencia debería ser una realidad para todas las mujeres y niñas.

Las actitudes machistas y sus prácticas patriarcales nos duelen, nos arrebatan vidas, nos llenan de indignación e impotencia.

Pero es importante recordar que nos tenemos las unas a las otras, aliadas por un mundo libre, democrático y sin violencia, con hechos y no palabras.

¡No estás sola!

* Sonia Heras Gastélum es analista especializada en psicología clínica, feminista y a favor de los derechos humanos.

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