Una solitaria ave ante la inmensidad del muro que separa a México y Estados Unidos.
La imagen del mexicano Alejandro Prieto se destacó entre 22,000 participantes del concurso Bird Photographer of the Year (fotógrafo de aves del año).
En ella se ve a un pájaro correcaminos frente al imponente muro lleno de alambres y púas.
El correcaminos es la especie de ave más famosa del suroeste de Norteamérica, camina y corre sobre el suelo, y emprende vuelo solo cuando es necesario.
La imagen, según Prieto, pone de manifiesto la amenaza que supone el muro para la biodiversidad de la región fronteriza, caracterizada por ser un ecosistema delicado con un alto flujo de migración de animales y aves que se desplazan hacia el norte y el sur del continente americano.
En esta región, varias especies necesitan cruzar la frontera para aparearse con sus primos genéticamente diferentes, como el jaguar norteamericano, en peligro de extinción; o el oso negro, que fue reintroducido en Texas en la década de 1990.
«El muro fronterizo atraviesa desiertos, montañas e incluso manglares. Es una zona no solo desértica, sino también muy biodiversa con más de 1.500 especies de animales y plantas amenazadas por el muro», advirtió Prieto.
«He visto a muchos animales diferentes llegar al muro antes de dar la vuelta y regresar», añadió.
El fotógrafo, nacido en Guadalajara, lleva más de un año documentando la vida salvaje de la frontera.
El premio es de 5,000 libras esterlinas (unos $6.877 dólares estadounidenses).
En los meses que se ha dedicado a capturar imágenes, ha enfrentado al acoso del control fronterizo y la presencia constante de los carteles de la droga.
Otras categorías galardonadas en el concurso fueron las de Fotógrafo Joven de Aves del Año y Aves Urbanas.
En Santa María del Tule, Oaxaca, existe un árbol espectacular cuyo tronco es considerado el más ancho el mundo. Este milenario árbol es un ahuehuete al que se le estiman más de 2,000 años de edad. Su tronco tiene 14 metros de diámetro y se necesitarían aproximadamente unas 30 personas agarradas de las manos para rodearlo.
El hermoso árbol es icónico y tiene un significado tan profundo para los oaxaqueños que el segundo lunes de octubre de cada año se le realiza una gran fiesta, con cohetes, toritos, comida y música.
Cariñosamente le llaman el «Tule”. Al ser tan antiguo, se le atribuyen algunos mitos, leyendas y creencias. Por ejemplo, se considera que la tierra donde echó sus raíces es sagrada.
Hoy en día, adorna con su enorme sombra el atrio de la iglesia del pueblo. Los pobladores que pasan por el lugar han identificado figuras entre las formas de su enorme tronco, como la cabeza de un venado, un león y un cocodrilo.
Pero tal vez una de las leyendas más completas y hermosas está basada en un cuento popular de los mixes. En ella se relata la historia del Rey Kong Oy, que nació de un huevo. Era un niño tan fuerte que, al crecer, se convirtió en protector del pueblo mixe.
Un día pasó por Tule y decidió descansar ahí, clavó su bastón en la tierra y de él surgió el enorme árbol, y él se quedó descansando en el cerro de los 20 picos. Dicen que mientras el Tule esté vivo, el rey seguirá protegiendo a su pueblo.
El relato conmueve: el árbol enorme es símbolo de protección, cariño y pertenencia; y aunque es una explicación de su origen y apela al pasado mixe, también es un llamado hacia el futuro, nos recuerda lo importante que es mantener vivo al Árbol del Tule, que en más de una ocasión ha peligrado por la contaminación y la escasez de agua.
La leyenda forma parte de la serie audiovisual “68 voces, 68 corazones”, dirigida por Gabriela Badillo e ilustrada por Estelí Meza. A continuación te compartimos esta maravillosa historia:
Desde tiempos prehispánicos, el arte en México ha tenido un desarrollo creativo inigualable, reflejando en cada una de sus creaciones el sentir de los artistas, los colores de nuestra naturaleza y también referencias a nuestra historia. Ejemplo de ello son los alebrijes, maravillosas esculturas contemporáneas creadas por Pedro Linares López, cuya estética le hace un guiño al pasado.
En el 115 aniversario del nacimiento del artista mexicano, Google le rinde homenaje con un Doodle en su página principal. Para ello, la compañía tecnológica realizó un diseño basado en el estilo de Linares López para presentar un curioso alebrije.
El doodle fue ilustrado por Emily Barrera. La creadora aseguró que éste es un tema significativo para ella y para la cultura mexicana. Por ello, fue un reto importante que su diseño se conectara con lo mágico de los alebrijes combinado a nuestra cultura.
Happy 115th birthday to Mexican folk artist Pedro Linares López??
Today's papier-mâché #GoogleDoodle features a recreation of one of his famous alebrijes—vibrantly colored sculptures of fantastical creatures?
Pero, ¿cómo cuándo y cómo surgieron los alebrijes?
Pedro Linares López nació en la Ciudad de México el 29 de junio de 1906. Su padre era escultor destacado de papel maché y cartonero. Fue él quien le ayudó a desarrollar su talento artístico.
Conforme Linares realizaba maravillosas creaciones, fue consolidándose como un cotizado artesano que destacaba por sus diseños fabricados con papel maché. Entre ellas, destacaban coloridas piñatas y calaveras para el Día de Muertos.
¿Cuándo hizo los alebrijes?
La historia cuenta que fue en 1945 cuando, entre sueños tras desmayarse por una enfermedad, se encontró con algunas criaturas que se nombraron a sí mismas como “alebrijes”. Cuando se recuperó, puso manos a la obra para llevar estos personajes a la realidad.
Pedro Linares López creando un alebrije
Los alebrijes de papel maché fueron fabricados con diferentes estructuras de animales, colores, patrones con piel de reptiles, aves, mamíferos y hasta insectos.
Pedro Linares López, trabajó todos los días con jornadas de 16 horas. Incluso, se dice que trabajó un día antes de su muerte. Murió un 26 de enero de 1992 a la edad de 86 años.
A lo largo de su vida Don Pedro Linares mostró su trabajo al mundo, fascinado por la creatividad y coloridas formas de las criaturas mágicas. Tanto en México como en el extranjero, Linares llevó a los alebrijes a todos los rincones que le fueron posibles, desde el interior de nuestro país, como a Estados Unidos y Europa. Con ello, colaboró en la conservación de las tradiciones populares, aportando una invaluable creación al arte mexicano contemporáneo.
Sonora es un estado con abundante historia y rica cultura. Esto se refleja incluso en el nombre de sus municipios, muchos de ellos bautizados por los pueblos originarios, como ópatas, mayos, yaquis, comca’ac, tohono o’odham y pimas.
A pesar del paso del tiempo, muchos de estos lugares aún conservan su nombre original, cuya toponimia nos brinda pistas del pasado: desde las actividades que allí se desarrollaban, la naturaleza presente en cada región, hasta referencias a leyendas sobre la fundación de los pueblos.
Conocer el significado del origen etimológico de los nombres propios de los municipios de Sonora no solo resulta interesante, sino que es de vital importancia para la preservación de nuestro patrimonio cultural y, por lo tanto, herencia de las futuras generaciones.
La siguiente es una lista con el significado de los nombres de los 72 municipios de Sonora, con información recopilada del Instituto Nacional para el Federalismo y el Desarrollo Municipal (INAFED) y del historiador Flavio Molina Molina.
Aconchi: El nombre de Aconchi proviene de la lengua ópata de las raíces ‘aco’, paredón y ‘Tzi’, en lugar, significando “en los paredones”.
Agua Prieta: Del vocablo ópata bachicuy, que significa ‘aguas negras’, debido a que, en el lugar, el agua con la cual los ganaderos de finales del siglo XIX abrevaban su ganado se tornaba oscura.
Álamos: En sus primeros años fue conocido como Real de la Limpia Concepción de los Álamos, por la presencia del árbol de álamo en la región. El nombre original de este pueblo era Ostímuri, pero se desconoce el significado de la palabra.
Altar: Como a la mayoría de los municipios de Sonora, el nombre se le dio por su cabecera, el pueblo de Altar, nombrado así por la parroquia de la Virgen de Guadalupe erigida años después de su fundación.
Arivechi: Su nombre proviene de la lengua ópata de las raíces ‘arive’, calavera y la proposición locativa ‘tzi’, que significa lugar; es decir, Lugar de la Calavera.
Arizpe: El nombre de Arizpe se deriva de las raíces de la lengua ópata ‘arit’, hormiga brava y ‘pa’, en; “Lugar de hormigas bravas o coloradas”.
Átil: Se dice que su nombre proviene del pima átil que significa “Punta de flecha”.
Bacadéhuachi: El nombre proviene de la lengua ópata de las raíces ‘baca’, carrizo, ‘degua’ entrada, puerta, y ‘tzi’, lugar; es decir “En la entrada del carrizo”.
Bacanora: su nombre proviene de la lengua ópata, de las raíces ‘baca’, carrizo, y ‘nora’, apócope de ‘noraco’ (ladera), “ladera de carrizo”.
Bacerac: La versión más autorizada en lo que respecta a la etimología del nombre de Bacerac, es que proviene de la lengua ópata ‘baceran’ y significa “lugar donde se ve el agua”.
Bacoachi: El nombre del municipio proviene del ópata ‘cuchibaciach’ que significa “Culebra de agua”.
Bácum: El territorio del municipio de Bácum estuvo ocupado desde mucho antes de la llegada de los españoles por la etnia yaqui. El nombre de Bácum significa “lago” o “agua estancada”, en la lengua yaqui.
Banámichi: El nombre del municipio deriva del vocablo de la lengua ópata ‘banamitzi’, que quiere decir, “Donde da vuelta el agua” o “Arriados por el agua”.
Baviácora: El municipio debe su nombre a la denominación en lengua ópata de la hierba del manso, que abunda en la región. Del ópata ‘babícor’, “La yerbabuena que crece en el río”.
Bavispe: El territorio que hoy ocupa el municipio estuvo habitado por tribus ópatas, de ahí el nombre de Bavispe se derive de la palabra ‘bavipa’, que significa “lugar de donde cambia de dirección el río”.
Benjamín Hill: El primer asentamiento dentro del territorio municipal fue un rancho llamado San Fernando. En el año de 1939 se escogió a este lugar como uno de los puntos de parada del ferrocarril Sonora-Baja California y se construyó una estación. Nombrado así en honor a Benjamín Hill, general de la Revolución. que gobernó el estado de Sonora provisionalmente en 1915.
Caborca: Etimológicamente, el nombre del municipio es ‘cabota’, que significa “corita boca abajo”. La “corita” es una canasta con forma de olla utilizada por los Tohono O’Odham, también conocidos como Pápagos.
Cajeme: El nombre del municipio es en honor a José María Leyva Cajeme, legendario guerrero yaqui que militó en las tropas sonorenses. Fue defensor de la tribu yaqui. Se le conocía como ‘Cajeme’, que significa “El que no bebe”.
Cananea: Según datos recogidos en el lugar, la palabra Cananea viene de dos voces apaches: ‘can’ que significa carne y ‘enfa’ que significa caballo, es decir “carne de caballo”. Por otra parte, el profesor Manuel Sandomingo hace referencia a otra versión del nombre, que quiere decir “donde corre el viento”, también de origen apache.
Carbó: Se le dio el nombre de municipio de Carbó en honor al oaxaqueño José Guillermo Carbó, quien en 1878 fue jefe de armas en Sonora, y que apoyó la legislatura en contra del gobernador Mariscal, obligando a este último a dejar el poder en 1879.
La Colorada: Nombrado así por el color rojizo del subsuelo. La zona minera conocida como Minas Prietas y La Colorada fueron descubiertas por los misioneros jesuitas entre 1740 y 1743.
Cucurpe: Su nombre proviene de la lengua indígena de los ópatas, originalmente de la palabra ‘cucupa’ que se interpreta como “lugar de codornices”.
Cumpas: Del ópata ‘cumpas’, que significa “lugar de cúmaro”. El cúmaro es un árbol silvestre que se reproduce en los valles y márgenes de los arroyos del norte y noroeste de Sonora, a una altura que oscila entre 600 y 1200 metros sobre el nivel del mar.
Divisaderos: Se dice que se le nombró así por su ubicación geográfica en la sierra alta de Sonora (del verbo ‘divisar’).
Empalme: Su nombre se deriva de la palabra “empalmar” que significa unir o entrelazar. En 1886, la ciudad era conocida como “Junction City”, que en español se traduce como “Ciudad de Empalme”. 19 años después, en 1905 se le comenzó a llamar “El Empalme”. El territorio de este municipio estuvo ocupado en tiempos prehispánicos por el pueblo yaqui, quienes habitaron la ranchería del Cochórit.
Etchojoa: El nombre de Etchojoa proviene del dialecto mayo de las raíces ‘etzo’, cardón o cactus conocido localmente como “echo”, y ‘jova’, habitación o casa. Por lo tanto, Etchojoa significa “casas de cactus o echos”.
Fronteras: Originalmente llamado Corodéhuachi, el territorio era habitado por ópatas hasta la llegada de los españoles. Sin embargo, la permanencia de estos en el territorio fue difícil debido a la resistencia de los indígenas al sometimiento, por lo que el lugar fue denominado “Real Presidio de Fronteras de los Apaches” debido a su ubicación geográfica.
Granados: Este lugar recibió el nombre de Granados, en honor a Don José Joaquín Granados y Gálvez, segundo obispo de Sonora de 1788 a 1794. Granados fue un predicador franciscano originario de Sedella, España. Murió en 1794 en Granados, Sonora.
Guaymas: El municipio toma su nombre de los Guaimas, un pueblo de cazadores perteneciente a la tribu Comca’ac o seri. En lengua cahíta, Guaymas significa “tirar flechas a la cabeza”.
Hermosillo: La actual capital de Sonora fue nombrada así en honor a José María González Hermosillo, personaje del bando insurgente en la Guerra de Independencia de México. Antes, la ciudad se llamaba Pitic (posteriormente Santísima Trinidad del Pitic), que significa “donde se unen dos ríos”, refiriéndose a al río Sonora y al río San Miguel.
Huachinera: Del vocablo ópata ‘huachinera’ que significa “Mesa de la Huata Sagrada”, haciendo referencia al árbol de huata, abundante en la región.
Huásabas: Su nombre proviene de la palabra ópata ‘huásaca’ que significa “lugar de tierras enyerbadas” o “lugar de tierras llenas de yerba que arrastra el río”.
Huatabampo: El nombre de Huatabampo proviene de la lengua cahita (yaqui y mayo) de las raíces ‘huata’, sauce; ‘baam’, plural de ‘baa’, agua; y ‘po en; “sauce en el agua”.
Huépac: El nombre dado a este municipio, obedeciendo a su ubicación geográfica significa “valle grande”; proviene del ópata ‘güepaca’, de ‘güe’ grande y ‘paca’, valle.
Ímuris: El topónimo de Ímuris es pima y se mencionan diversos significados, pero el más factible es el de “Mesa entre Ríos” o “Loma en forma de pedernal”
Magdalena: A principios del siglo XVII, Juan Bautista Escalante fundó en este lugar la Misión Santa María Magdalena, santa de la iglesia católica. El territorio originalmente estuvo habitado por los Tohono O’odham (pápagos) y pimas altos, quienes se resistieron a la ocupación española y destruyeron la Misión. A finales de ese mismo siglo, el misionero jesuita Francisco Eusebio Kino fundó nuevamente la misión. La cabecera municipal se llama Magdalena de Kino en su honor.
Mazatán: Su nombre proviene de la lengua ópata ‘masatan’ y significa “lugar del venado”.
Moctezuma: Nombrado así en honor a Francisco Moctezuma, coronel en la Guerra de Independencia de México y posteriormente secretario de Guerra y Marina de México (1828-1830). Antes, el pueblo se llamaba “Oposura”, que en lengua ópata significa “palofierral” o “lugar de mucho palofierro”, de ‘opo’, palofierro, y el sufijo abundancial ‘sura’.
Naco: En lengua ópata, ‘naco’ significa nopal.
Nácori Chico: El nombre de Nácori proviene de la lengua ópata, y sus raíces son ‘naco’, nopal y la terminación ‘ri’, entendiendo que Nacori es una apócope de Nacoripa, que significa “lugar del nopal”.
Nacozari de García: Las palabras Nacozari es una palabra ópata que significa ‘abundancia de nopales’. También fue nombrado así en honor a Jesús García Corona, ferrocarrilero que salvó al pueblo de la explosión de un tren.
Navojoa: El nombre de Navojoa proviene de la lengua mayo, de las raíces ‘navo’, nopal y ‘jova’, casa o lugar; significa por lo tanto “lugar de nopal”.
Nogales: La ciudad de Nogales surgió a partir de la autorización que obtuvo en 1880 la Compañía del Ferrocarril de Sonora buscando una terminal fronteriza. Previo a la fundación de la ciudad, fue establecido en la zona un rancho llamado Los Nogales de Elías en 1841, por lo que su nombre puede provenir de la abundante presencia de árboles de nogal o haciendo referencia al mencionado rancho.
Ónavas: El nombre de Ónavas proviene de la lengua cahita, de las raíces ‘ona’, sal y ‘boa’, agua; “agua salada”.
Opodepe: El nombre de Opodepe proviene de la lengua ópata, de las raíces ‘opo’, palo fierro, ‘det’, llano, y ‘pa’, lugar, que significa “en el llano de palo fierro”.
Oquitoa: Del pima ‘oki’, blanca, y ‘toa’, mujer, el nombre del pueblo significa ‘mujer blanca’. Existe una antigua leyenda que narra la fundación del pueblo. Este había sido situado en los márgenes del río, pero su ubicación hacía que fuera barrido por la creciente. Un día apareció una mujer blanca que les indicó donde debía ser instalada la población.
Pitiquito: Según la tradición local se dice que el pueblo toma el nombre del famoso jefe indio, que una vez vivió en la ranchería donde se construyó la iglesia, a quien le llamaban “Piti” o “Pitic”.
Puerto Peñasco: Nombrado así por el puerto y la geografía de la cabecera municipal. El turístico municipio es llamado también “Rocky Point” por los estadounidenses.
Quiriego: El nombre de Quiriego proviene de palabras latinas de la liturgia de la misa ‘kirie’ señor y ‘ego’ yo.
Rayón: Antes Nacameri, que en pima podría significar ‘lugar de tunas’, de ‘naco’, tuna, y ‘meri’, matiz o lugar. En 1825 se le cambió su nombre original por el de Rayón, en honor al General Ignacio López Rayón, insurgente mexicano que encabezó el movimiento de independencia tras la muerte de Miguel Hidalgo y Costilla.
Rosario: Nombrado así en honor a la Virgen del Rosario, figura de la Iglesia católica.
Sahuaripa: En lengua ópata sahuaripa significa “hormiga amarilla”, de ‘sagua’, amarillo, ‘arit’, hormiga, y ‘pa’, terminación locativa.
San Felipe de Jesús: Nombrado así en honor a San Felipe de Jesús, santo de la Iglesia católica. Se fundó en 1657, cuando el capitán Juan Munguía Villela denunció los terrenos donde se levanta para establecer una Hacienda dedicada a la extracción de minerales.
San Javier: Nombrado en honor a San Javier, santo de la iglesia católica. El real de minas de San Javier fue fundado en el año de 1706 por el Gral. Antonio Becerra Nieto.
San Luis Río Colorado: Nombrado así en honor a San Luis, santo de la Iglesia católica, y por el río que atraviesa su territorio.
San Miguel de Horcasitas: San Miguel de Horcasitas tuvo su origen en el presidio militar trasladado ahí en marzo de 1749 procedentes del Pitic. Se le dio el nombre de Horcasitas en honor del virrey don Juan Francisco de Güemez y Horcasitas, primer Conde de Revillagigedo, quien gobernaba entonces la Nueva España.
San Pedro de la Cueva: El actual territorio del municipio de San Pedro de la Cueva (nombrado en honor a San Pedro Apóstol) incluye las áreas que correspondieron a los municipios de Suaqui, Tepupa y Batuc, que desaparecieron al ser inundados por la presa Plutarco Elías Calles (El Novillo). Los significados de estos tres pueblos son:
Suaqui: Del pima ‘suaaqui’ que significa corazón de pithaya (de ‘sua’, interior o corazón, y ‘aquí’, pitahaya.)
Tepupa: De la lengua huegue (hablada por ópatas, eudeves y jovas) ‘tepuppa’, que significa ‘lugar de pulgas’, de ‘teppu’, pulga, y el locativo ‘pa’.
Batuc: También del hegue ‘batmuque’, que significa ‘agua muerta’, de ‘vat’, agua, y ‘muque’, morirse.
Santa Ana: Nombrado así en honor a Ana, madre de María y santa de la Iglesia católica.
Santa Cruz: Llamado anteriormente “Santa María de Suaqui”, fue nombrado así en honor a la Santa Cruz, figura de la iglesia católica, y también hace referencia al río Santa Cruz, que cruza el poblado desde Arizona.
Sáric: Del pima ‘sáric’ que significa ‘cuenca entre dos ríos’. En tiempos de virreinato se le conoció como Santa Gertrudis de Sáric.
Soyopa: El nombre del municipio en lengua yaqui significa ‘Tierra Caliente’. Existe una segunda versión del significado de Soyopa que indica que proviene del ópata ‘soiota’ que significa ‘espinaza’; de ‘soi’, espina, y ‘ota’, hueso.
Suaqui Grande: Del pima ‘suaaqui’ que significa corazón de pithaya (de ‘sua’, interior o corazón, y ‘aquí’, pitahaya).
Tepache: La palabra Tepache proviene del ópata ‘tepatzi’ que después se convirtió en ‘tepachi’ y posteriormente en Tepache. Para algunos historiadores, significa ‘lugar de mujeres bellas’, aunque para otros su significado es ‘lugar del árbol en la piedra’ y para otros más ‘lugar de frijol dado el parecido que guarda el vocablo tepatzi con ‘tépari’, nombre de una variedad de frijol.
Trincheras: Nombrado así por el Cerro de Trincheras, un yacimiento arqueológico de gran importancia para la cultura de Sonora, en cuyas laderas se construyeron más de 900 terrazas entre los años 1300 y 1450. La zona fue llamada ‘trincheras’ por primera vez en el siglo XVII por Juan Mateo Mange, un capitán español quien, al ver el cerro desde lejos, le pareció que estaba rodeado de edificaciones con propósitos bélicos.
Tubutama: Palabra de la lengua o’odham (pápago) que significa ‘liebre sentada en lo alto de la colina’.
Ures: Del ópata ‘uri’ que significa ‘varón’ o ‘persona’. Probablemente los primeros españoles asociaron la palabra uri con Ures, nombre que llevan algunos poblados de España.
Villa Hidalgo: Nombrado así en 1967 en honor a Miguel Hidalgo y Costilla, héroe de la Independencia conocido como ‘El Padre de la Patria’. Antes, el pueblo era conocido como Óputo, del ópata ‘opothu’ que significa “lugar de palofierros” (‘opo’, palofierro, y el sufijo locativo ‘thu’, en, lugar o de.
Villa Pesqueira: Nombrado así en 1867 en honor al entonces gobernador de Sonora Ignacio Pesqueira. Anteriormente, el territorio era conocido como Mátape, que proviene de la lengua hegue ‘mátapa’ y significa “lugar de metates” (de ‘mata’, metate, y ‘pa’, lugar).
Yécora: Del pima ‘yécora’ que significa ‘lugar rodeado de montañas’ o ‘lugar cercado a la redonda’; de ‘ye’, cercar, y ‘cora’, a la redonda.
General Plutarco Elías Calles: Nombrado así en honor al sonorense Plutarco Elías Calles, quien fue presidente de México en 1924. Su cabecera municipal es la ciudad de Sonoyta, que proviene del o’odham (pápago) ‘sonoytag’, que puede traducirse como ‘tronco donde brotan las aguas’, haciendo referencia a una fuente natural de agua ubicada al pie de un paraje que era conocido como Loma Alta.
Benito Juárez: Nombrado así en honor a Benito Juárez García, presidente de México, a quien también se le conoció como ‘Benemérito de las Américas’. El municipio surgió de un sitio donde se establecieron ex empleados de la construcción de la presa La Angostura, al que llamaron “Colonia Irrigación”. Posteriormente se le renombró con el nombre de Villa Juárez, perteneciendo entonces al municipio de Etchojoa.
San Ignacio Río Muerto: Nombrado así en honor a Ignacio de Antioquía, santo de la iglesia católica.
Hermosillo, Sonora.- Su apellido es una especie de coincidencia. A Daniel le parece curioso llevar en el nombre la palabra “Sombra”, cuando su ocupación es dibujar. Su técnica, aprendida por mera intuición, era pasar los dedos o un trozo pequeño de papel sobre los colores para sombrear. “Dibujando los rostros me llamó la atención hacerles mucha sombra, para que resaltará más… ahora uso difuminadores”, cuenta el artista.
José Daniel Arredondo Sombra tiene 20 años, vive en el Ejido Carrillo Marcor, en la Costa de Hermosillo y dibuja prácticamente desde que tiene memoria.
“Yo aprendí solo porque, donde vivo, no hay talleres de dibujo ni internet… desde pequeño, yo experimentaba técnicas”, agrega.
Daniel atiende la entrevista a través de una videollamada por Zoom. Sentado en su cama, muestra unos pliegos grandes de papel a la cámara.
“Tengo este de Frida Kahlo. Tengo unos mariachis también, que hice como improvisados. Y este cuadro también. La técnica que uso más son los lápices de colores Prismacolor en papel marquilla”.
Fue a los cuatro o cinco años cuando Daniel comenzó a dibujar como cualquier niño. En los cuadernos escolares y con las crayolas del kínder, copiaba caricaturas y personajes que veía en la televisión o en videojuegos: los Power Rangers, Gokú, Naruto y Mario Bros.
Ya entre los 12 y los 13 años, se atrevió a dibujar rostros de personas. “Ya lo hacía un poco más realista”, dice el dibujante quien, para sus 15 años, ya había desarrollado un talento y sus maestros de la secundaria fueron los primeros en hacerle encargos.
“No recuerdo muy bien el nombre del maestro, pero miró que dibujaba y me pidió un encargo de una credencial”, contó Daniel, “era él mismo, como aparecía en su foto de la credencial del INE, de ahí hice el dibujo”.
Daniel no se detuvo a partir de entonces. Empezó a dibujar artistas y muchos más retratos por encargo. Pero, a los 18 años, cuando terminó la preparatoria, decidió trabajar en los campos agrícolas cercanos. Quería aportar económicamente a su familia -compuesta por sus papás y tres hermanos menores- además de ahorrar dinero para comprarse materiales de dibujo.
Así pasaron dos años, pizcando calabaza, sandía, uva, melón y nuez, con todo y pandemia, hasta el inicio de 2021, cuando Daniel dejó de ser jornalero para meterse de lleno al arte.
“He trabajado en el campo como jornalero, tiene como dos años que empecé a trabajar”, explicó, “ahorita ya no, porque siempre me han caído dibujos, encargos, y ahora trabajo más en el dibujo”.
A Daniel le gusta mucho la música. Cuando no está dibujando o saliendo con sus amigos, compone o escucha canciones que lo inspiran.
“Toco la guitarra, me gusta componer y experimentar con la música”, cuenta, “escucho rock alternativo, regional mexicano… me gustan bandas de antes, como Linkin Park, Avenged Sevenfold, los Red Hot Chili Peppers o Blink 182. También sigo a Ariel Camacho, Virlán García o Carín León”.
Y también los ha dibujado: “Hace poco dibujé a Ángela Aguilar y sí miró el dibujo, lo compartió mucha gente y ella lo puso de estado (en Instagram) y me dio gusto porque me nació dibujarla. Siempre me ha gustado su música. También dibujé a Ariel Camacho, un músico de aquí que me inspira mucho. He dibujado a varios artistas de antes y de ahora, porque me inspiro en la música para dibujar, escucho de todo”.
Daniel es completamente autodidacta, insiste. Nunca tuvo siquiera un curso o pequeño taller, aunque siempre lo deseó. Aprendió observando imágenes e imitándolas una y otra vez hasta lograr capturar los detalles.
“Así aprendí a poner más contrastes a los dibujos; aprendí solo, a como pude y como Dios me dio a entender… más o menos”, bromea y sonríe.
“Dibujo solo, en mi cuarto, me inspiro más en las tardes o en la mañana, cuando estoy solo es cuando me nacen más las ideas. Desde pequeño, siempre me interesaba aprender más en un taller o algo, pero no había”, agregó.
Por eso ahora sueña con llegar a la universidad. Daniel quiere intentarlo en el próximo proceso de admisión disponible y lograr un espacio en la licenciatura en Artes Plásticas de la Universidad de Sonora.
“Hasta ahorita no he entrado por los recursos, porque, cuando salí de la prepa, me puse a trabajar y empecé con los dibujos. Ahora me interesó hacer más dibujos y estudiar algo, como artes plásticas. Quiero aprender nuevas técnicas, con otros materiales y mejorar en la pintura y en el dibujo”.
Luego, al preguntarle sobre una recomendación para algún joven interesado en el arte y que tuviera inseguridades o dificultad para iniciar, afirmó: “Yo digo que sí se puede, que no se detenga por nada, ni por una dificultad y que no tenga límite en aprender, siempre hay muchas cosas por aprender. Seguir practicando, dedicarle tiempo, más que nada. Invertirle más tiempo y tener metas también”.
Las obras de Daniel, dependiendo de su tamaño, tienen un valor de entre 500 y 700 pesos si es en formato carta y, las más grandes, rondan entre los 2 y 3 mil pesos. Para hacer un encargo personalizado, puedes escribirle vía WhatsApp al (662) 474 8770.
También expondrá sus obras próximamente en Hermosillo y Ures, por eso invitó a seguirlo en Facebook como Daniel Sombra Art y en Instagram como @danielsombra_art.
La Vía Láctea ha maravillado a la humanidad desde hace siglos. Si bien identificarla en el cielo es una experiencia inigualable, quienes logran fotografiarla logran crear ‘magia’ al mostrarnos en detalle cómo nuestra galaxia hace brillar el cielo nocturno.
Así lo hicieron los 25 mejores fotógrafos de la última edición de la colección anual “Milky Way Photographer of the Year”, del blog Capture the Atlas.
La compilación que se publica a finales de mayo y principios de junio, coincide con el pico de la temporada de la Vía Láctea. A través de sus imágenes, el anuario busca inspirar y compartir la belleza de nuestra galaxia y los paisajes terrestres que la adornan.
“Riaño” – Pablo Ruiz (España).
La lista incluye imágenes capturadas en países de todo el mundo, entre los que destacan España, Estados Unidos, Brasil, Chile, Italia, Turquía, Grecia, entre otros.
Entre los factores tomados en cuenta para la selección oficial están la calidad de la imagen, la historia detrás de ella y su capacidad para inspirar.
“Temple of the sun” – Bryony Richard (Estados Unidos).
La temporada de Vía Láctea abarca de febrero a octubre en el hemisferio norte y de enero a noviembre en el hemisferio sur, siendo el mejor momento para verla y fotografiarla en mayo y junio coincidiendo con el máximo número de horas de visibilidad en ambos hemisferios.
“When all the stars align” – Kelly Teich (Estados Unidos).
“MT. Taranaki Milky way” – Larryn Rae (Nueva Zelanda).
“Around dead trees” – Gary Bhaztara (Indonesia).
“Volcano and cross” – Tomas Slovinsky (Chile).
“Night lovers” – Mohammad Hayati (Irán).
“Paradise Beach” – Alyn Wallace (Turquía).
“Devil’s throat” – Victor Lima (Brasil).
“Cadini di Misurina” – Stefano Pellegrini (Italia).
Para Marisol la pintura es una conexión consigo misma, la que alimenta su espíritu, la que le da todo.
La artista visual originaria de Hermosillo vive una etapa de reconocimiento masivo luego de la elaboración de un mural en una céntrica colonia de la capital de Sonora; la obra, que representa a un pájaro carpintero, impactó al público por su realismo, dimensiones y belleza.
Marisol Gallego González es versátil y además de captar la realidad se expresa con obras que surgen de su imaginación y que deja fluir. “Puedo hacer escultura, pintura, dibujo, me gusta todo lo que sea el arte visual, es en lo que trabajo. Hago de todo; si es un paisaje, si es algo para una estancia infantil… pero yo creo que lo que más me satisface es hacer lo que yo imagino”.
Afirma que puede pintar desde algo pequeño hasta un mural de grandes dimensiones y no importa la superficie ni el lugar, “soy pintora en donde sea y pinto lo que sea. Lo que me gusta es pintar. Pinto en tela, papel, madera, metal, no importa el formato. Hago cosas chiquitas, pero una pared de 7 x 5 me la aviento, no hay problema”.
La artista es una de las personas afortunadas que recibieron el apoyo de los padres para desarrollar habilidades y vocación desde la infancia, lo que considera de gran importancia. “Si no te lo reconocen, si no te apoyan, dejas de hacerlo, pierdes el interés”, señala.
“Gracias al cielo mis padres siempre me apoyaron; vieron la capacidad, las aptitudes que yo traía y dijeron ‘le encanta, la vemos feliz haciendo esto, vamos a apoyarla’. Y yo sé que mucha gente no tiene el apoyo de sus padres”.
“De niña mis papás me dejaban pintar mi cuarto con los monitos que me gustaban, me compraban pinturas vinílicas con las que pintas la pared y yo practicaba a hacer combinaciones, hacía el dibujo, lo rellenaba… Hoy mis papás me ven feliz, me felicitan y me siguen apoyando”.
Desde pequeña estuvo en talleres y cursos de pintura, luego ingresó a la preparatoria del CEDART (Centro de Educación Artística) donde eligió Artes Plásticas para continuar posteriormente con la licenciatura, la cual no concluyó porque ya tenía en mente sus proyectos.
Marisol se ha dedicado desde entonces completamente al arte visual porque es su vida, pero reconoce que es una actividad que no genera grandes ingresos. “Sinceramente, es difícil vivir del arte, tienes que hacer otra cosa, complementarlo, sobre todo en este país. Sé que en otros países es más fácil vivir de esto porque la gente lo compra, es más fácil venderlo. En países como el nuestro la economía está enfocada en la supervivencia; todos estamos enfocados realmente en cubrir nuestras necesidades; no mucha gente está pensando en comprar alguna obra de arte”.
Aun así, no abandonaría la pintura porque dentro del proceso de creación hay una parte que es la que más disfruta:
“La conexión conmigo misma. Es un momento que comparto conmigo que nada puede superar, donde me siento grande, donde me siento satisfecha. Me siento plena cuando estoy pintando y estoy conectada con mi mente, con mis pensamientos; hay cierto trabajo interno también. Todo es positivo”.
Ha participado en exposiciones colectivas e individuales en Sonora y Arizona. Dentro de su trayectoria ha obtenido premios en concursos y reconocimientos como el Premio Municipal de la Juventud en la categoría Actividades Artísticas.
“Marisol Gallego es el clásico ejemplo de la mujer luchadora, emprendedora, soñadora pero realista; con un gran talento que le puede llevar a grandes dimensiones”, asegura Luis Fernando Heras Portillo, un convencido de la promoción de talentos sonorenses, emprendedores empresariales y deseosos de lograr la superación personal y el éxito.
Luis Fernando Heras Portillo, desarrollador de negocios turísticos, comerciales e industriales.
La popularidad y exposición mediática que generó a Marisol el mural del pájaro carpintero, derivó en una invitación para unirse a un proyecto de creación de otros murales en distintos puntos de Hermosillo, el cual le entusiasma no solamente por la oportunidad de colaborar, sino por el interés y apertura hacia el arte que han mostrado los hermosillenses.
“Sonora hasta hace poco está apoyando la cultura y el arte, esto es nuevo en nuestro estado”, asegura.
Junto a otros artistas y bajo esa nueva disposición de apoyo, Marisol Gallego quiere seguir expresándose a través de su imaginación, en reproducción de la realidad en segunda o tercera dimensión y en plasmar la fauna sonorense para el disfrute visual de todos.
“De las cosas que más me gusta pintar son animales y si puedo pintar más animales de aquí, yo encantada. Ya sea linces, pumas, cascabeles, coralillos, los murciélagos de aquí… hay muchas cosas que pintar”.
Foto: Yaquis interpretan Danza de el Venado. Foto: Fototeca Nacional del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
Aunque a veces pasen desapercibidas, algunas palabras esconden grandes historias. Sucesos que, con el paso de los años, dieron forma a nuestra herencia cultural actual. Pero los apellidos no guardan una historia cualquiera sino el pasado de nuestros ancestros, sus orígenes y lucha.
Por ejemplo, al sur de Sonora existen decenas de familias cuyos apellidos tienen la terminación ‘mea’, por ejemplo, Buitimea, Aguamea, Cuamea, Baumea, Sotomea, entre otros. Se trata de apellidos de familias Yaquis cuyo significado es reflejo de la relación de la etnia con la muerte.
De acuerdo con la página Genealogía Sonorense, esto es explicado por la Dra. Raquel Padilla (1967-2019) en su artículo “La muerte entre los Yaquis tiene permiso”. La antropóloga sonorense sugiere que la actitud yaqui frente a la muerte es prehispánica, histórica y operó como facilitadora de la guerra para la defensa de la tierra yaqui y su soberanía.
Destaca que los Yaquis son un pueblo forjado por sus largas luchas, lo que explica que, cuando van a la guerra, asumen la posibilidad de morir. Es decir, esta anticipación del conocimiento de la muerte disipa la angustia que se genera en torno a ella. De cierta forma, la muerte es vista por los Yaquis como ‘una responsabilidad civil’.
Representación de la Danza del Venado yaqui. Foto: David Hinojos.
De hecho, la identidad y rituales yaquis, en especial aquellos vinculados a la muerte, están cimentados en su resistencia. El objetivo del ritual de muertos de la etnia es encaminar el alma hacia el sewa ania o ‘mundo de las flores’. Para los yaquis, aquella tierra que no está intervenida por la mano y herramientas del hombre. Está ligada al huya ania o ‘mundo del monte’, el cual es parte del territorio sagrado o itom ania (‘nuestro mundo’, el mundo yo’eme o mundo yaqui.) Cuando el yaqui se planta en la defensa de su territorio, lo que intenta salvaguardar es todo esto en su conjunto (Padilla 2012).
De acuerdo con Padilla, esta particular forma de ver la muerte, es decir, la natural forma de encarar la muerte tanto en el momento de morir como de matar, hace que una buena parte de los apellidos yaquis estén vinculados a la muerte (de matar). En lengua jiak, la terminación me’a significa ‘matar’.
Similar a lo que sucede con apellidos en lengua castellana, donde la terminación ‘ez’ indica el nombre del padre o antecesor (por ejemplo, Martínez es hijo de Martín o Rodríguez es hijo de Rodrigo), los apellidos yaquis que terminan en ‘mea’ están vinculados a la historia de sus antepasados.
Lo anterior está presente en los siguientes apellidos:
Antroponimia
Significado
Anguamea
El que mata a la multitud o el que mata mientras está ahí
Baimea
El que mata de sed
Bochalmea
El que mata con el zapato
Buitimea
El que mata rápidamente o el que mata corriendo
Cochemea
El que mata dormido (o el que mata al que duerme)
Guitomea
El que mata pisando
Jaimea
El que mata en la mezcalera
Jimacomea
¿El que mata tirando?
Jusacamea
El que mata en la guerra
Osimea
El que mata mucho
Sibamea
El que mata certeramente
Sotomea
El que mata con un hechizo
Tatabustamea
El que mata sudando
Tanopomea/Tonopoamea
El que mata con la rodilla
Yaomea/Yautmea
El que mata al jefe
Yorimea
El que mata a los blancos o a los mestizos
Yutmea
El que mata con la lluvia
Como sugiere Genealogía Sonorense, siguiendo el mismo ejemplo de Padilla, puede encontrarse el significado de estos y otros apellidos en lengua jiak utilizando algún diccionario Yaqui-Español, como el “Diccionario yaqui de bolsillo Jiak noki-español/español-Jiak noki”, mismo que puede consultarse en el siguiente enlace: www.letrasylinguistica.unison.mx/wp-content/uploads/2018/09/2016Diccionario_Yaqui_Espanol.pdf
En la historia yaqui los periodos de guerra han sido muy prolongados, por lo que la muerte yaqui –morir y matar en la guerra- puede considerarse como parte fundamental del ser yaqui.
En México, cada cinco de mayo se conmemora el aniversario de la Batalla de Puebla, fecha en la que el ejercito mexicano, liderado por el General Ignacio Zaragoza, logró derrotar al ejército francés en 1862.
Foto: INAH
La victoria se volvió un logro histórico para los mexicanos, y desde entonces se convirtió en una fecha nacional donde se recuerda a los más de 2 mil 500 campesinos y 2 mil soldados que participaron en esta batalla.
Sin embargo, en Estados Unidos, esta fecha tiene una connotación más festiva. Desde 2005, se convirtió en un día de fiesta oficial para este país, donde sus habitantes celebran con platillos como guacamole, nachos, fajitas, tequila, además de música de mariachi, piñatas y más. Pero, ¿por qué se celebra con tanta alegría?
Una de las versiones sobre el origen de esta festividad es que en 1867 -cinco años después de la Batalla de Puebla -un grupo de migrantes mexicanos celebró la fecha en Texas, lugar donde nació el General Ignacio Zaragoza antes de que dicho estado pasara a formar parte de Estados Unidos.
De acuerdo con historiadores, los migrantes recordaron la hazaña del ejército mexicano con cantos, poesía y fiesta. Esto sorprendió tanto a los habitantes de ese lugar que, con el paso de los años, la fecha pasó a considerarse como parte de una tradición nacional, especialmente en las ciudades donde se concentraban las comunidades de mexicanos.
La revista Time indica que el cinco de mayo comenzó a ponerse de moda en la década de 1940 durante el surgimiento del Movimiento Chicano, y se asentó en el resto de Estados Unidos entre 1950 y 1960, cuando los activistas por los derechos civiles de los migrantes mexicanos eligieron la fecha para demostrar el orgullo que sentían por sus raíces.
Casi veinte años después, en 1989, el cinco de mayo terminaría por popularizarse gracias a una campaña publicitaria de las cervezas mexicanas Modelo y Corona relacionada con este festejo. Inicialmente, la campaña estaba dirigida a la comunidad latina, pero terminó abarcando un sector más amplio de la población con anuncios de radio, televisión y medios impresos.
Aunque la fecha celebra la cultura mexicana en Estados Unidos, ha sido criticada por perpetuar estereotipos raciales y desinformar sobre su verdadero origen. En 2012, David Hayes-Bautista, académico de la Universidad de California, publicó un libro titulado ‘El Cinco de Mayo: An American Tradition‘, donde escribió que el 5 de Mayo era una “festividad falsa inventada por las compañías de bebidas”.
No obstante, la fecha ha adquirido una relevancia especial para muchas personas en nuestro vecino país del norte. Este día recuerda la importancia de preservar las raíces mexicanas con orgullo, y se ha logrado que la descendencia latina conserve una parte de las tradiciones familiares.
¿Ejercer tu profesión o ser feliz con tu verdadera vocación y talento?Esta es la experiencia de una exitosa repostera de Hermosillo
Por: Mirna Jiménez Virgen
Henda es una joven de Hermosillo, Sonora, que ha emprendido en la repostería bajo la marca “Vainilla Bakery” con un crecimiento notable que se reforzó en 2020, durante la pandemia.
Hasta aquí, su historia es similar a la de muchas otras en la ciudad y en el mundo, pero esta tiene un ingrediente especial: realmente Henda Villalobos Valdez está siguiendo el que fue su sueño desde niña, aunque en el camino tuvo que decidir entre continuar ejerciendo como odontopediatra o dedicarse a la elaboración de pasteles y galletas.
Villalobos Valdez estudió la Licenciatura en Cirujano Dentista por la Universidad del Valle de México (UVM) en Hermosillo y posteriormente cursó la especialidad en Odontopediatría en Guadalajara, Jalisco.
Abrió su consultorio en la capital sonorense y todo marchaba bien, de tal manera que continuaba tomando cursos de repostería por las tardes, como lo hacía desde su etapa de estudiante.
En ese trayecto contrajo matrimonio y la vida transcurría entre la atención a sus pequeños pacientes y lo que ella describía como un pasatiempo.
Sí, ya tenía la profesión que ejercía totalmente, pero algo la inquietaba. “Hasta que me di cuenta y dije ¿Sabes qué? esto no me hace tan feliz como me hace sentir la repostería”, revela.
Ese fue el punto decisivo, Henda eligió la felicidad para ella y para quienes disfrutan de sus creaciones de alta calidad.
No fue sencillo; a pesar de sentir pasión por la repostería se decía a sí misma que su trabajo era en el consultorio y que hornear pasteles y galletas era solamente para la familia.
“Hasta que un día me ‘aventé’ y todo comenzó a acomodarse. En noviembre de 2018 fue cuando me fui alejando de la consulta y dije ‘no más”.
“Lo trabajé, porque decía ‘qué van a decir mis colegas, o mi familia’, porque mis hermanos y mi papá son dentistas. De entrada, dije, ‘la que debe estar conforme con lo que hace, eres tú’. La vida es muy corta para estar complaciendo a los demás”.
Con los prejuicios hechos a un lado y el apoyo de su esposo y familia, el éxito fue inmediato y el crecimiento, acelerado. Sus primeros productos fueron postres de otoño que vendió entre sus amistades; para diciembre de ese año ya tenía pedidos de panqués; en febrero de 2019 inició la elaboración de galletas, posteriormente incursionó en la pastelería al mismo tiempo que aprendía más porque nunca dejó de tomar cursos.
Henda Villalobos fue dando a conocer sus productos a través de redes sociales hasta que surgió “Vainilla Bakery”, su marca. Montó un taller en su casa donde trabaja sola; ella hornea, decora, empaca, toma fotos del producto, hace la publicidad, entrega, crea alianzas con cafeterías y sigue capacitándose.
Sus postres tienen un toque especial, con esmero en cada detalle e ingredientes de calidad que hacen que quien los prueba, quiera repetir.
“La repostería es tan bonita, puedes hacer tantas cosas. Dar a la gente algo con lo que se sientan cómodos. Yo nunca he visto a alguien enojado comiéndose un pastel, o molesto comprando unas galletas”.
“Poder dar esos momentos a la gente por medio de lo que tú haces, de tu creatividad, con la precisión, con la exactitud. Con la ciencia también, porque la repostería requiere de estudio”, señala.
Henda y algunas de sus creaciones
Además del sabor de su repostería, “Vainilla Bakery” destaca por la estética de sus productos, resultado de la vena artística de Henda quien también se dedica a la pintura y durante años fue alumna de una escuela de danza africana y ritmos latinos.
“Estudié una carrera que me gusta y no me arrepiento, pero de alguna forma siempre estaba inquieta con eso: la danza, la pintura, la cocina. Ahora que lo veo de fuera digo, ‘por algo estaba siempre esa inquietud ahí’ y a lo mejor no lo escuché, no me quise dar cuenta”.
Su trabajo actual es imparable y en crecimiento, aunque por lo pronto no contempla la apertura de un local ya que los clientes pueden contactarla para pedidos en sus redes sociales o en un par de establecimientos de Hermosillo donde entrega sus productos.
Sin embargo, gran parte de su éxito estriba en la pastelería personalizada por lo que tampoco ha considerado la elaboración en serie porque, afirma, no estaría siendo fiel al concepto de “Vainilla Bakery” que consiste en la dedicación a cada producto.
Este proyecto de repostería “es un esfuerzo individual que viene a significar, poner en práctica el arte de emprender, de trabajar duro y posteriormente de crecer, que será el siguiente reto para enfrentar”, afirma Luis Fernando Heras Portillo, fundador de Sonora Star y un ferviente promotor de la superación personal y el desarrollo de nuevos negocios.
Luis Fernando Heras Portillo, fundador de Sonora Star
A los jóvenes emprendedores como ella, Henda aconseja no desanimarse ni rendirse el primer día que no vendan sus productos. “Les aconsejaría que planeen, primero tienes que ver qué tanto sabes, sacar tus costos, ver qué tipo de mercado tienes y si te va a pagar tu producto”.
“Debes tener un plan y ver sobre la marcha los cambios; no es un camino sencillo, pero sí es muy satisfactorio. Las cosas no van a salir siempre como uno quiera o te va a ir super bien. Lo importante es demostrar de qué estás hecho”.