Miles de trabajadores alrededor del mundo realizan labores riesgosas, muchas de ellas relacionadas con el mantenimiento en en industrias como la energética o en la construcción.
En la última década, en Estados Unidos más de mil trabajadores han perdido la vida haciendo labores en espacios reducidos. Por ejemplo, el caso de Clinton Miller, de 43 años, trabajador de AkzoNobel que se desmayó tras ingresar a un tanque para recoger un pedazo de basura en una planta química de Carolina del Norte. Se descubrió después que el nivel de oxígeno era de solo 11 por ciento dentro de la estructura, según un informe federal sobre el incidente.
Para rescatar a estos trabajadores llegaron los drones. Empresas como Dow, AT&T, BASF y Royal Dutch Shell comenzaron a incorporar flotas de autómatas voladores para hacerse cargo de sus tareas más peligrosas. Ascender varios cientos de metros para inspeccionar tanques y torres, atravesar túneles para reemplazar una pieza defectuosa o asomarse a las fauces de una chimenea son trabajos para los cuales se están diseñando robots, indican las compañías.
Más allá de todo lo que se ha dicho sobre la automatización y la robótica como reemplazo a la mano de obra humana, estas nuevas cualidades de los drones muestran cómo la tecnología puede reducir los costos de las empresas, disminuir drásticamente los riesgos e, incluso, salvar vidas.
Por ejemplo, he aquí otro caso: las inspecciones de bengalas en las refinerías de Shell solían durar días, explicó Randy Burow, gerente de salud y seguridad. Para que los trabajadores se acercaran lo suficiente a las chimeneas a fin de verificar la luz piloto había que desconectar el sistema y luego los trabajadores eran izados en una canasta a varios metros de altura hasta la parte superior de la chimenea. Ahora los drones pueden completar la inspección en cuestión de horas.
En 2017, 166 trabajadores estadounidenses murieron en espacios reducidos, pero esa cifra palidece en comparación con los 887 fallecidos por caídas, la segunda mayor causa de muertes en el lugar de trabajo después de los accidentes automovilísticos, según datos de la Oficina de Estadísticas Laborales del país.
Por ello, AT&T ha invertido en una gran flota de drones para inspeccionar sus 65 mil torres de telefonía móvil en EU. Hacer labores en ellas es particularmente peligroso: la tasa de muertes es 10 veces mayor que la de los trabajadores de la construcción.
El gigante de las telecomunicaciones ha utilizado drones para eliminar 5 mil subidas de torres en los últimos 18 meses, detalló Art Pregler, director del programa de drones de la empresa de telecomunicaciones.
Con cámaras de alta calidad incorporadas, drones cada vez más ágiles operados por un humano terrestre pueden llegar a la cima de una torre en minutos, flotar entre los marcos de acero y acercarse para inspeccionar en primer plano. Envían imágenes tan detalladas que los trabajadores en tierra pueden contar las roscas de un perno, expuso Pat Dempsey, quien supervisa el mantenimiento de telecomunicaciones en la empresa energética PSEG.
«El hecho de no tener que hacer que una persona suba por la torre cambia las reglas del juego desde el punto de vista de la seguridad», remarcó.
Incluso con precauciones que incluyen equipos de seguridad, monitoreo del aire y trabajadores de rescate en espera, las cosas igual pueden salir mal en espacios reducidos.
Dow, uno de los mayores fabricantes de químicos del mundo, utilizó robots para más de mil entradas a espacios reducidos en 2018 y para otras mil inspecciones externas que implicaron mucha altura, reduciendo significativamente los riesgos para sus trabajadores.
El objetivo de la compañía es reducir el número de ingresos humanos a espacios reducidos a cero en 2025. Eso exige desarrollar drones que puedan realizar reparaciones y otras tareas, en lugar de simplemente transmitir video, según Billy Bardin director tecnológico de Dow.
Vía El Financiero
• Te recomendamos: Los 6 avances tecnológicos más sorprendentes